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Viñedos y naturaleza en Moravia del Sur, República Checa

Viñedos y naturaleza en Moravia del Sur, República Checa

Praga, capital de la República Checa, atrae cada año a millones de turistas que se maravillan ante una Ciudad Vieja que se encuentra entre las más bellas de Europa. El Castillo de Praga, el Puente de Carlos y la Torre del Reloj son iconos reconocidos en casi todo el mundo.

He visitado Praga en tres ocasiones, pero esta última solo sería como una breve parada en ruta para descubrir otra región más desconocida de la República Checa. Y es que, amigos viajeros, hay vida en este país más allá de su capital.

En el sureste de República Checa se encuentra la región histórica de Moravia del Sur. Durante tres días de marzo, cuando el invierno dejaba sus últimas nieves sobre los campos, recorrí esta zona de nombre novelesco y llena de sorpresas.

Brno

La capital de Moravia del Sur tiene el honor de haberlo sido también, por unos meses, del Sacro Imperio Romano. Hoy en día es una ciudad joven y moderna, donde la existencia de la nada desdeñable cantidad de 13 universidades, hace que una cuarta parte de su población sea estudiantil.

Comenzamos nuestra visita por la parte vieja de Brno. El perfil y los edificios del casco histórico me recordaron a Viena y es que, tal y como nos confirmó nuestro guía, muchos de los arquitectos encargados de darle esplendor a la capital austríaca fueron contratados también en Brno. Palacetes y casas de ricos comerciantes presentan sus fachada coloridas en las calles empedradas.

De un período más antiguo proviene, sin embargo, el edificio más emblemático de Brno: su antiguo Ayuntamiento. Fue construido hace más de 500 años y desde lo alto de su torre tuvimos las mejores vistas de la ciudad.

Imagen del ayuntamiento de Brno

Tampoco era mala la panorámica de la que disfrutaba la familia Tugendhat desde el salón principal de su villa construida en 1929, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Cuando paseas por su interior, te das cuenta de que el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe, creador de la villa, fue un adelantado a su tiempo.

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De la luz pasamos a la oscuridad del antiguo laberinto subterráneao de Brno, realizando un pequeño tour por él antes de visitar la catedral de la ciudad, dedicada a San Pedro y San Pablo.

Por la noche cenamos un buen pato asado, típico de la zona, con sopa y una buena cerveza checa, antes de entregarnos a la vibrante vida nocturna de Brno. Una ciudad que lo tiene todo.

Mikulov

La pequeña ciudad de Mikulov siempre tuvo una gran importancia estratégica debido a su proximidad a la frontera con Austria. Además, su castillo vigiló durante largos años el camino que formaba parte de la famosa Ruta del Ámbar. Bajo la atenta mirada de los soldados de la poderosa familia Liechtenstein, las carretas cargadas de ámbar de los Balcanes desfilaban en un sentido mientras que los cargamentos de sal del Mediterráneo marchaban en el contrario.

Llegamos a la oficina de turismo de la plaza principal de Mikulov para conocer a nuestra guía y comenzar la visita.

Imagen de Mikulov

Los Liechtenstein y los Dietrichstein fueron los señores de Mikulov entre los siglos XIII y XX. Ambas familias nobles aprovecharon sus respectivos períodos dominantes para dotar a Mikulov de elegantes edificios señoriales, iglesias y bonitos conjuntos artísticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la ocupación soviética impidió la modernización de la ciudad, teniendo un efecto negativo en sus habitantes, pero positivo en cuanto a la preservación del aspecto medieval de Mikulov.

Visitamos el castillo – con sus bodegas de buen vino de la región – el barrio y cementerio judíos, y el panteón de los Dietrichstein, antes de caminar por las estrechas calles y enfilar hacia al Colina Santa. Tras un pequeño paseo por la naturaleza llegamos al mejor mirador de Mikulov. En 1623 tuvo lugar el primer peregrinaje a la iglesia de San Sebastián. Me senté junto a un pequeño muñeco de nieve y contemplé el bonito perfil de Mikulov frente a mí y los campos de Austria a mi izquierda.

Bodegas en Moravia del Sur, República Checa.

Las Cuevas de Punkvat

El Karst de Moravia es el más grande de la República Checa. Estas montañas y colinas de roca caliza aparecen cubiertas por una densa arboleda, mientras ríos, cuyos cursos aparecen y desaparecen bajo la roca, llevan horadando cuevas desde hace millones de años.

Hay más de 1100 de estas cuevas pero tan solo 14 están abiertas al público, siendo la más espectacular la de Punkvat.

Imagen de la cueva Punkvat

Un sistema de pasarelas recorre su interior plagado de estalactitas, estalagmitas y estalagnatos, que crean formas originales y bellas. Las primeras galerías se visitan en una media hora para después abrir una puerta que te conduce de nuevo al aire libre. Así, de repente, aparece ante ti un espectáculo de la naturaleza: el abismo de Macocha. Escuché la triste leyenda que se cierne sobre este lugar antes de tomar una barca y surcar las aguas del río subterráneo que te mece por las últimas galerías pétreas del recorrido.

Imagen del abismo Macocha

Si no te gustan los espacios cerrados, siempre puedes hacer senderismo por los bonitos bosques del Karst de Moravia.

Lednice-Valtice

Castillos, viñedos, bosques, jardines y caminos rurales forman parte del complejo Lednice-Valtice, una extensión de 300 kilómetros cuadrados que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Imagen del castillo de Lednice.

Los Liechtenstein construyeron aquí sus palacios residenciales, con toques franceses e ingleses y unos jardines en los que replicaron panteones griegos e incluso un minarete musulmán.

Ambas poblaciones parecen dormitar a lo largo del año para tomar vida durante la cosecha de la uva. En esta región se produce el 97% del vino checo, un caldo de gran calidad que se utiliza para abastecer el mercado local. Si quieres aprender más sobre el vino checho, te recomiendo que visites el Salón Nacional del Vino de la República Checa, en el palacio de Valtice. Y antes, ¡ten en cuenta que necesitarás coronas checas para pagarlo! Sé precavido y cámbialas con Global Exchange.

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David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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