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Ruta por el casco antiguo de Zúrich, Suiza

Ruta por el casco antiguo de Zúrich, Suiza

Ha sido elegida en más de una ocasión como la ciudad con mayor calidad de vida del mundo. Famosa por su perfil financiero, la capital de Suiza, Zúrich, es una ciudad multicultural, vanguardista y repleta de historia a la que le sobran los motivos para dedicarle unos días de turismo y ocio.

De entre todos los barrios que conforman esta interesante ciudad llena de vida, nos quedamos con el Altstadt. O, lo que es lo mismo, el Casco Histórico. Es precisamente en él donde se concentran la mayor parte de atractivos de la ciudad. ¿Y esto por qué? Pues porque, entre otras cosas, se trata de una zona que no ha sido destruida jamás: ningún conflicto bélico afectó a sus calles, plazas y edificios. Es decir, su estructura se mantiene tal cual lo fue en su origen.

Así que nos calzamos unas buenas zapatillas y preparamos la cámara de fotos. Ha llegado el momento de arrancar una ruta en la que desnudaremos, uno a uno, todos aquellos rincones imperdibles de la zona más antigua de la ciudad.

Admirar la esencia del Altstadt

Niederdorf es de esas calles que concentran, en solo unos metros, todo el encanto y la esencia de un lugar. Así que nos limitamos a pasear por ella mientras nos topamos con múltiples negocios locales en los que lo mismo podremos hacernos con una prenda de ropa, que con un souvenir o, por qué no, alguna pieza de chocolate. ¡Que para algo estamos en Suiza! Eso sí, habrá que andar con cuidado: no debemos olvidar que Suiza es uno de los países más caros del mundo.

La dosis de azúcar nos dará energías suficientes para seguir caminado entre tiendas de antigüedades, talleres de artesanos, bares tradicionales y restaurantes. Todo esto completa la oferta de negocios repartidos por este trocito de ciudad en el que querremos retratar cada uno de sus rincones. Será fácil que quedemos cautivados por las fachadas de sus edificios, pintadas de alegres colores, o por sus balcones repletos de flores. Sin duda alguna, un lugar perfecto para tomarle el pulso a Zúrich.

Descubrir sus mayores secretos

Sus pintorescas callejuelas serán las encargadas de revelarnos uno de los secretos mejor guardados del histórico centro. Y, para descubrir de qué hablamos, solo tendremos que fijarnos en la parte alta de las puertas principales de las casas. Muchas de ellas se encuentran decoradas con azulejos en los que hay inscritos nombres tan originales como «Pájaro Negro» o «León Amarillo». Fue el mismísimo Napoleón quien decidió colocarlas para que sus soldados, cuando volvían a casa a altas horas de la noche y con alguna copa de más, supieran encontrar la suya.

Descansar en Lindenhof con las mejores vistas

Continuamos nuestra ruta hasta llegar a Lindenhof, una parada obligada. Describir este pequeño parque del casco histórico como un remanso de paz en medio de la tranquila Zúrich, aunque suene redundante, no es para nada una exageración. Y es que Lindenhof, situado sobre una colina que ofrece unas de las mejores vistas tanto del río Limmat como de la orilla opuesta, es uno de esos rincones en los que parece que el tiempo se para.

Sentados en alguno de sus bancos lo ideal será relajarnos y disfrutar de las cosas simples de la vida. Probablemente algún que otro padre vigile de reojo a sus hijos pequeños, que aprovechan la ausencia de coches en la zona para jugar libremente entre árboles.

En una de las esquinas del parque será normal encontrar a unos ancianos disfrutando de su tiempo libre mientras juegan una partida de ajedrez. ¿De qué manera? Aprovechando el tablero que existe pintado en el suelo y las figuras gigantes que el ayuntamiento de la ciudad facilita a los ciudadanos. Un grupo de curiosos, formado por amigos, turistas y vecinos, probablemente conforme un círculo a su alrededor y atiendan como público a cada movimiento. Mientras tanto, el río, con sus barcos repletos de turistas navegando de un lado a otro, otorgará más paz aún si cabe al momento.

Pero, ¡ojo! Lindenhof es también un lugar clave por su importancia histórica. Aquí, en 1798, se firmó el juramento que selló la Constitución Helvética. Pero no solo eso: yéndonos aún más atrás en el tiempo sabremos que en el siglo IV se levantó en este mismo lugar una fortaleza romana. Posteriormente, en el siglo IX, un nieto de Carlomagno construyó un palacio real que utilizó como residencia.

Subir a lo más alto de Grossmünster

Y de las vistas desde un mirador, a otras que también nos dejarán sin palabras. Llega el momento de cruzar al otro lado del río, ¡que no nos hemos olvidado de él! En esta otra parte del casco histórico se encuentra la catedral de Zúrich, llamada Grossmünster. Hasta ella nos vamos con un propósito muy claro: subir a una de sus torres para disfrutar de los cuatro miradores con los que cuenta en las alturas.

La catedral, de estilo románico, fue levantada junto al río Limmat y jugó un papel muy importante durante la Reforma Protestante. El edificio que hoy se puede visitar fue construido durante los siglos XII y XIII. Según se cuenta, el templo fue fundado por Carlomagno en el mismo lugar donde se arrodilló ante la tumba de San Félix y Santa Régula, patrones de la ciudad suiza.

Toca tirar de piernas y glúteos y, tras pagar la entrada correspondiente para subir a su torre, nos ponemos manos a la obra. 187 peldaños después estaremos ante una de las vistas más preciadas y hermosas de toda la ciudad.

Antes de continuar con la ruta, una curiosidad: tras unas excavaciones arqueológicas realizadas recientemente en la zona, se ha descubierto que donde hoy se levanta la Grossmünster, en la antigüedad hubo un cementerio romano.

Parada obligada para deleitarnos con el arte

Y es que, si algo hay a espuertas en Zúrich, es arte. En esta ocasión nos decantamos por el arte moderno del Kuntshaus, por lo que ponemos rumbo a Heimplatz, una de amplia plaza en el casco histórico. Aquí encontraremos la colección más completa y grande de arte moderno de toda la ciudad y se trata, sin duda alguna, de un lugar imprescindible para cualquier amante del arte.

Warhol, Picasso, Kandinsky, Monet… la lista de artistas es casi tan amplia como el número de obras que se exponen en sus diferentes salas: casi 4 mil, ni más ni menos.

Dedicar al menos una mañana o una tarde a disfrutar del arte que se expone entre las paredes del Kuntshaus es algo que no podemos dejar de hacer.

Probar su gastronomía

Y sí, estaba claro: la gastronomía suiza debía tener su espacio en esta ruta. Porque, ¿cómo no dejarnos seducir por sus fondues, raclettes, röstis y otras exquisiteces?

Pero estamos de suerte, no hay que temer: el Alstadt cuenta con innumerables restaurantes en los que deleitarnos con algunos de los platos más típicos de la cultura suiza. En el restaurante Swiss Chuchi, por ejemplo, ubicado en los bajos del edificio del Hotel Adler, podremos saborear una de las fondues más ricas que jamás hayamos probado.

¿Para acompañar? Nada como un vino blanco, la mejor combinación para el queso. Y, si nos apetece seguir catando otras propuestas, quizás podamos animarnos con una wurst o salchicha típica del país.

Eso sí, ¡habrá que tener cuidado con dejar espacio para el postre! La variedad de pasteles y dulces en Zúrich es de lo más amplia y no sabremos por dónde empezar.

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Imágenes: Cristina Fernández.

Cristina Fernández

Periodista de vocación y apasionada por los viajes, estaba claro que mis dos mundos acabarían por cruzarse desde el mismo instante en el que, a pesar de ser de sangre andaluza, nací en Londres. Estar montada en aviones desde que apenas tenía uso de razón me hizo cogerle cariño a este medio de transporte, y así, a veces por trabajo y otras por afición, llevo recorridos más de 60 países. La televisión ha sido mi casa durante 14 años. Ahora lucho día a día por vivir de lo que más disfruto: el periodismo de viajes.

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