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Visitar los Alpes franceses, Europa al natural

Visitar los Alpes franceses, Europa al natural

Cuando se piensa en viajar por Europa, se suelen imaginar visitas llenas de historia, de arquitectura o de gastronomía. No obstante, el viejo continente posee riquezas naturales interesantes y abiertas a los viajeros. En este viaje natural los llevaré a visitar los Alpes franceses, en una escapada rica en senderismo, aire puro y naturaleza.

Evadirse sin ir tan lejos

A veces creemos que para evadirnos de la rutina es necesario viajar lejos de ella, pero nos equivocamos. No es la distancia la que hace la aventura y la evasión sino nuestros deseos de hacer una pausa y recargarnos de energía.

Dentro de esta línea de ideas se gestó el viaje a los Alpes. El punto de partida de la caminata sería el poblado de Beaufortin, en el departamento de la Alta Saboya (Savoie) y a solo dos horas de la ciudad de Lyon. Preparamos el equipo adecuado para enfrentarnos a la montaña: mochilas, zapatos adecuados para senderismo, hidratación, mapas con el recorrido bien trazado, protección para el frío y la lluvia, etc. El recorrido a pie desde el poblado tomaría dos días a través de los Alpes. Si todo salía bien en la ruta trazada, dormiríamos en una cabaña hotel situada en plena montaña, el Refuge l’Alpage. Estos albergues autorizados en los Alpes poseen todo lo necesario para recuperarse durante el ascenso. Los servicios que proponen incluyen comida y habitaciones múltiples para grupos o familias.

Imagen de los Alpes franceses.

Imagen de Guillaume

Al inicio del trekking, el entusiasmo era evidente, pero las grandes colinas aparecieron para enmudecernos. Solo las respiraciones agitadas interrumpían el silencio de la montaña. El cansancio y el esfuerzo se apoderaban de nuestras mentes de una forma terapéutica, y esa es precisamente la virtud del contacto con los paisajes naturales. A medida que caminaba, sentía que olvidaba las preocupaciones modernas que tanto nos aquejan.

Las paradas de descanso se hicieron necesarias y cada vez más, el paisaje nos sorprendía.

La cabaña y las vacas despertadoras

Tres horas de marcha silenciosa y reparadora fueron suficientes para ese día. Ver el refugio a lo lejos nos devolvió el habla. De pronto empezamos a gritar exclamaciones victoriosas y a imaginar lo que haríamos una vez llegáramos al albergue: ¡bañarnos, comer y dormir!

Después de refrescarnos y tomar una sopa de calabazas con queso beaufort hecho en casa, los camarotes nos esperaban. Hacía mucho tiempo que no me acostaba tan temprano. Entre la televisión, el teléfono móvil y el ordenador nos tienen secuestrados.

Y quien dice acostarse temprano, dice también levantarse temprano. Fuimos despertados por un rebaño de campanas que rumiaban alrededor de la cabaña. ¡Para no creerlo! Estábamos siendo despertados por una veintena de vacas lecheras. El episodio produjo grandes sonrisas dibujadas en nuestras caras.

Vaca en los Alpes franceses

Imagen de Arnaud Camel

El encuentro con la cima

Después del desayuno con mantequilla fresca de las vacas despertadoras, emprendimos la búsqueda de la cima. El trayecto duraría cuatro horas y media, si la brújula no fallaba.

El tiempo estaba de nuestro lado, lo que permitía observar a lo lejos el renombrado Mont Blanc durante la marcha. La consigna era caminar despacio pero de forma constante, y así lo hicimos. Las pausas eran casi obligadas por la aparición de unos pequeños lagos de aguas cristalinas.

Pero cuanto más subíamos, más difícil se hacía respirar. El aire puro de los Alpes parecía desgarrar de mis pulmones la contaminación de la ciudad.

Durante una hora la cima se veía cerca pero estaba lejos, como metáfora de la vida. Al llegar, la contemplación nos invadió. Quedamos estáticos observando detenidamente el entorno tan natural y salvaje que nos parecía increíble estar en el corazón de Europa.

Bien se dice que los caminos arduos se recuerdan mejor. ¡Yo lo confirmo! Sentado en la cima de los Alpes, las imágenes del trayecto revenían con gracia y dibujaban sonrisas en nuestras caras cansadas. Y aún hoy escribiendo estas palabras me alegran los recuerdos de esa jornada de senderismo entre marmotas juguetonas y vacas despertadoras.

Recuerda que la moneda en curso en Francia es el euro por lo que si perteneces a otro país de la eurozona, es aconsejable que te hagas con tu tarjeta prepago multidivisa GlobalCard. De lo contrario, podrás cambiar tu moneda con Global Exchange.

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Aristofennes

Viajar es una pasión que me permite ser ciudadano del mundo. Soy un nómada digital que desea vivir experiencias enriquecedoras y humanas a través de los viajes y la fotografía

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