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Los 10 «peros» de viajar en avión

Los 10 «peros» de viajar en avión

Si para llegar a lugares lejanos en un tiempo prudente se pudiera viajar en algún medio de transporte que no fuera el avión, creo que muchos de nosotros dejaríamos a un lado los aeropuertos y emprenderíamos nuestros periplos por el mundo en tren, coche o cualquier otro vehículo. Pero, por desgracia, si uno quiere llegar en el menor tiempo posible de España a Perú o Tailandia, por ejemplo, no cabe dude de que el avión debe ser su elección.

Es por esto que cada año, al organizar cualquiera de nuestros viajes, lo primero que buscamos son esos vuelos que nos llevarán al lugar soñado. Pero, ¿realmente nos gusta viajar en avión? Le damos muchos puntos a viajar de ese modo porque somos sacrificados y pagamos cualquier precio con tal de disfrutar de ese viaje con el que hemos soñado tantos meses, mas si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de todas esas cosas por las que pasamos y que no nos gustan en absoluto. Y si no, decidme si estáis de acuerdo o no en estas que os cuento ahora.

1. Tener que madrugar. Porque no sé vosotros, pero yo tengo siempre la impresión de que solamente falta que me den las llaves del aeropuerto para abrirlo cuando llegue a coger mi vuelo. ¿Estará suficientemente despierto el piloto a las seis de la mañana como para llevar ese avión a su destino? Por no hablar de que llegar, por ejemplo, al Aeropuerto de Barajas, en Madrid, a esas horas en transporte público es imposible. O le pides a tu padre que madrugue contigo o no queda más remedio que dejarse unos euros en un taxi.

Aeropuerto de Doha.

2. ¿Realmente son necesarias esas dos horas de antelación? Porque un día te despistas y llegas solamente con una hora al mostrador a dejar tu maleta y no pasa nada… Pero claro, si todos llegamos una hora antes fijo que entonces el avión se va de vacío.

3. Acabas de comprar esa maleta preciosa que llevabas meses viendo en aquella tienda y de repente, la tienes que dejar allí, en esa cinta transportadora que con suerte conseguirá que la maleta suba al avión correcto y lo abandone a la vez que tú… para que cuando la recojas veas que le han roto el asa, una rueda y tiene un arañazo en la parte delantera.

4. Compras tu billete de avión que te sale por un ojo de la cara, y cuando quieres acceder para poder reservar asiento pueden pasar dos cosas: que como has buscado la tarifa más económica no tengas derecho a ese privilegio, o bien que si quieres un asiento concreto tengas que pagar por él. ¿No han sido suficientes los 500 euros del billete que aún te piden 30 euros más? Y si tu billete permite reservar esos asientos, miras con mucho detenimiento el plano de avión, buscas a conciencia el asiento que más se acomoda a tus necesidades (ventana, pasillo, salida de emergencia…) y cuando subes al avión y te sientas, te das cuenta de que lo que el plano decía poco tiene que ver con la realidad.

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5. Momento control de seguridad. Empieza a quitarte el cinturón, los collares, el reloj, la chaqueta, la bufanda… por no hablar de si llevas botas y directamente te obligan a quitártelas. ¿No pueden dejar que pases calzado y si pita el arco de seguridad, que ya vean qué hacen? Y además, abre la maleta de mano, saca los líquidos, si llevas aparatos electrónicos los pones en la bandeja encendidos… Un verdadero suplicio que puede repetirse por cada escala que hagas para llegar a tu destino.

6. Subes al avión con tu bolso de viaje al hombro y cuando llegas a tu asiento y quieres dejarlo en el maletero superior, ¡resulta que ya no hay sitio! Está ocupado por dos trolley, una bolsa de bebé, tres abrigos y una cámara de fotos. Miras a tu alrededor buscando un hueco donde poder dejar tu pequeño bolso y no lo hay. Así que terminas con él debajo del asiento delantero de forma que durante las 8 horas que dura el vuelo, no puedes estirar las piernas.

7. Y siguiendo con el tema espacio… ¿no podrían hacer los espacios entre filas de asientos un poco más amplios? Porque a veces, o mides 1,50 m o llevas las rodillas clavadas en el asiento delantero, por no mencionar cuando el de delante reclina el asiento y te quedas allí empotrado, entre su respaldo, la bandeja que llevas abierta porque tenías puesta tu guía de viaje, el pasajero de tu izquierda que mide 1,90 y tu pareja que se ha quedado dormida con su cabeza en tu hombro.

Imagen de un avión por dentro.

8. Si no viajas con alguna compañía aérea española o sudamericana, olvídate de que ningún auxiliar de vuelo hable español. Y apuesto a que están en Madrid o Barcelona con cierta frecuencia, pero nada, no saben ni decir «hola», directamente se recurre al inglés o al idioma del país de la compañía (por lo que te puedes encontrar en Barajas y que al subir a tu avión rumbo a Bangkok directamente te digan «sawasdeeka». Por no hablar de la lista de películas en inglés, alemán, italiano o ruso con subtítulos en hindi, tamil, coreano o chino… pero del castellano, entre poco y nada. Ocho horas delante de una tele en la que no entiendes nada.

9. Uno de los mejores momentos es el de la comida. Más vale haber ido al baño si lo necesitabas, porque en ese momento los pasillos quedan ocupados por los carritos donde llevan las bebidas y esas bandejas humeantes que van depositando en cada mesita. Entonces tienes que empezar a controlar los brazos para no dar un golpe al pasajero de al lado y que se le caiga el vino, estar pendiente de no mover las piernas por si golpeas tu propia mesita y es a ti a quien se le cae la bebida, y por supuesto, controlar ese rompecabezas que hay en la bandeja mientras quitas el aluminio al plato principal intentando no mancharte… Todo eso para comer algo que casi siempre sabe igual, sea pollo, pasta o arroz.

Comida en el avión.

10 – Se hace de noche, tu vuelo se dirige hacia la oscuridad y entonces toca dormir. Te colocas la almohada y cuando sacas la manta de su bolsa, te das cuenta de que es tan pequeña que apenas te cubre, y además es tan fina que te quita el aire, pero no te abriga. Y en ese momento recuerdas que tu chaqueta se quedó en ese pequeño hueco de un maletero y no puedes ir a por ella porque el viajero del asiento junto al tuyo está dormido y no te atreves a despertarle… y como el espacio es el que es, imposible pasar por delante de él. Así que te enroscas como puedes estirando ese trozo de tela que llaman manta y rezas para que se haga pronto la luz y llegar a tu destino.

Así que si alguien después de leer todo esto sigue diciendo que le encanta viajar en avión y que no le encuentra ninguna pega…. ¡¡seguro que viaja en primera!!

Y recuerda que cuando llegues a tu destino, si no lo has hecho antes de partir hacia él, deberás cambiar tu moneda a la de ese país. ¿Cómo? Muy sencillo, con Global Exchange.

Cristina Monsalvo López

Desde muy joven descubrí que mi pasión era viajar organizando mis propios viajes (y los de aquellos que me pedían ayuda). Como además me encanta hablar de ello, hace un tiempo empecé a contar mis historias en el blog "Kris por el mundo", donde también comparto mis fotografías. Mi continente preferido y al que siempre quiero regresar es Asia.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Jajaj lo que me he podido reír con tu artículo Cristina. Veo que volar no es una de las cosas que más te fascinan del mundo jeje.

    Muchas de las cosas que comentas tienen solución: la maleta siempre puedes sustituirla por una mochila de viaje -ni se ralla ni se queda sin ruedas, y el asunto de los huecos para dejar el equipaje en la cabina de la avión se soluciona tratando de no embarcar de los últimos de la cola, siempre que sea posible claro está.

    Respecto a lo demás, estoy bastante de acuerdo contigo. El tema de las piernas o el de pagar tasas extras para reservas asientos y otros servicios es comprensible, piensa que esto suele suceder en aerolíneas low cost, lo que quiere decir que una de las consecuencias de lograr precios tan económicas es tener que renunciar a ciertas comodidades.

    A mí una de las cosas que más me fastidian al volar es el maldito aire acondicionado. Siempre que salgo de cualquier vuelo tengo como cierta dolencia de garganta que incomoda bastante 🙁

    Un fuerte abrazo!
    Oliver.-

    1. Hola Oliver
      No se trata de que a mi me guste viajar o no en avión… lo que he tratado en este post es de recopilar la información que he recibido por diversas fuentes, darle forma, y con ella escribir el artículo. Porque a mi, de verdad… me gusta volar.
      Un saludo
      Cristina

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