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<i>Trekking</i> de Santa Cruz en los Andes peruanos

Trekking de Santa Cruz en los Andes peruanos

Perú es un país que ofrece prácticamente de todo al viajero. Está claro que en el puesto número uno de su lista de atractivos se encuentra la archiconocida ciudad inca de Machu Picchu, pero las líneas de Nazca, Cuzco, los cóndores del cañón del Colca en Arequipa, la selva amazónica de Iquitos o las arenas interminables de la playa de Máncora son lugares que hacen que el país te pueda retener durante varias semanas -o meses- sin aburrirte lo más mínimo.

Lugares de interés arqueológico e histórico, desiertos, playas, selva…Pero también montaña.

La Cordillera Blanca andina ofrece todo tipo de alternativas aventureras a escaladores y simples amantes de la vida entre gigantes que emergen de las profundidades de la Tierra, glaciares, ríos y lagunas. No en vano, aglutina más de 29 picos de más de 6000 metros sobre el nivel del mar (en adelante, msnm), incluyendo el más alto de Perú, el Huascarán, con 6768 msnm.

Existen varias poblaciones que actúan como centro de operaciones para aquellos que buscan internarse en la Cordillera Blanca. Yo elegí la pequeña localidad de Huaraz, llamada «la Suiza peruana» por encontrarse a 3000 msnm y rodeada por macizos nevados.

Macizos nevados en los Andes peruanos.

Fue allí donde me informé sobre la posibilidad de realizar el famoso trekking de Santa Cruz por mi cuenta y riesgo. Para aquellos que prefieran ir acompañados de guías y/o porteadores, les aconsejo que visiten la oficina de I-Perú -organismo oficial de turismo del país- que se encuentra cerca de la Plaza de Armas de Huaraz. También existen multitud de agencias privadas bajo las arcadas de la famosa calle comercial de Luzuriaga. Los precios por día (guía y manutención) rondan los 30 o 40 dólares.

Yo me acerqué a varias pero, espoleado por la aventura que por allí corrió un amigo antes que yo, finalmente me embarqué solo en esta dura aventura que os paso a relatar siguiendo las etapas que realicé.

Etapa 1: Cashapampa – Llamacorral

La noche antes de la partida extendía en la cama sobrante que tenía en mi habitación todo mi equipo, alquilado y propio. Tienda de campaña, camping gas con cartuchos de recambio, chubasquero, ropa de abrigo, linterna, utensilios de cocina, mapas, comida, saco de dormir, aislante… Cuando me cargué la mochila a la espalda a las 6 a.m. la sentí realmente pesada. Pero no quedaba otra. Tomé una furgoneta hasta un mercadillo de un pueblo sin nombre. Allí, un taxi colectivo se comprometió a llevarme hasta el principio del trekking de Santa Cruz. Fue en ese momento cuando se me apareció la Virgen. Un chaval belga andaba perdido buscando algún porteador que quisiera hacerle compañía durante los días de caminata en las montañas. Escuché su español afrancesado y salté de mi taxi como si tuviera un resorte. Ben y yo nos convertiríamos en compañeros inseparables durante los duros días que nos esperaban. Trekking de Santa Cruz por los Andes peruanos. Comenzamos alegremente la ruta en Cashapampa. El cielo nublado no nos impedía admirar la belleza del paisaje que nos rodeaba. Caminábamos por un valle rodeado de montañas por las que el agua se despeñaba veloz. Pequeñas cascadas naturales creadas por el final de una temporada de lluvias que llevaba retraso. La vegetación era más bien escasa por la falta de oxígeno a estas altitudes. Arbustos de distintos tonos verdes y marrones salpicaban las rojas y negras paredes de los colosos de piedra. Cada poco tiempo debíamos cruzar un riachuelo y sortear auténticos lodazales que hicieron más pesada y larga la marcha.

Caminamos durante ocho horas sin encontrarnos con una sola alma humana. Acampamos justo antes del anochecer y compartimos una pasta con tomate en el único lugar seco que encontramos: el interior de mi tienda. Fuera, las gotas de lluvia repiqueteaban en la lona de la tienda. Ese sonido me acompañó hasta casi el amanecer.

Etapa 2: Llamacorral – Taullipampa

Me sorprendí al encontrarme el sol luciendo cuando abrí la cremallera de mi tienda. Ben y yo nos dispusimos a aprovechar al máximo ese regalo del cielo y caminamos felices entre los desfiladeros, lagunas, pastos y rutas en las que el barro parecía habernos dado una pequeña tregua. Lago en los Andes peruanos. Pasado el mediodía nos encontramos con el reto de la jornada. Una semi-inundada y vasta pradera se extendía frente a nosotros. Parecía infranqueable, pero mi amigo español, que había realizado el trekking -en temporada seca- unos años antes, me había dicho claramente que el camino a seguir era el que cruzaba la pradera. La opción de seguir el estrecho sendero del ganado que salía a nuestra derecha nos llevaría a una trampa en forma de río, muy caudaloso en esta época del año, que nos supondría una barrera imposible de cruzar. Así que nos descalzamos y nos metimos en aquella mezcla de agua helada, hierba, excrementos de ganado y barro. «Cinco minutos pisando agua», me había dicho mi amigo. Tardamos unos 45 en atravesarla. Al principio tenía cuidado de no pisar el abono natural, pero tras un rato, era misión imposible. Terreno totalmente minado. Me dio igual. Iba con mucho cuidado para elegir la superficie sobre la que pisar para no hundirme demasiado. Sin embargo, di un paso en falso y caí en una trampa de lodo que me hizo agradecer que Ben estuviera allí. Pradera en los Andes peruanos. Parecía un tramo como los demás, pero en un segundo tenía el barro cubriéndome hasta la cintura. Llamé a Ben a gritos y vino a sacarme de allí tirando de mi brazo. Todo quedó en un susto pero está claro que es mejor ir acompañado a la montaña. Comimos, riendo, recordando la aventura que acabábamos de pasar. La tarde vendría marcada por la lluvia y se haría muy dura. Acampamos a los pies de picos de 6000 msnm. O eso nos decían unos pastores que encontramos. La niebla era tan espesa que no veíamos nada a más de 50 metros.

Etapa 3: Taullipampa – Algún lugar antes de Huaripampa

La imagen de las montañas nevadas al amanecer hizo que valiera la pena cualquier sufrimiento pasado o futuro. Estremecedora. Recogimos rápido el campamento y ascendimos desde los 4200 metros al punto más alto que cruzaríamos en todo el trekking. Punta Unión es un paso que se encuentra a 4750 msnm. Me faltaba el oxígeno, la nieve lo cubría todo y yo iba muy mal preparado para el frío. Ben me animaba a seguir pero yo tenía que parar cada 40 o 50 pasos, totalmente extenuado. Punta Unión, Andes peruanos. Finalmente, cruzamos al otro lado y la nieve se multiplicó al instante. Una alfombra blanca lo cubría todo y teníamos que descender pisando sobre escalones ocultos, labrados en piedra. Acabé haciéndolo prácticamente a cuatro patas. Fue la jornada más dura de todas. Tras 9 horas de muchas subidas y bajadas y cambios meteorológicos caprichosos, decidimos acampar en medio de un prado, rodeados por la nada.

Etapa 4: Algún lugar antes de Huaripampa – Vaquerías

Y por fin lució un sol duradero. El último día volvimos a tener contacto con el ser humano conforme íbamos atravesando casuchas destartaladas de granjeros cuyos hijos corrían a compartir con sus hermanos las galletas y caramelos que les dábamos. Tan solo nos quedaba una hora y media de ascensión hacia el pueblo de Vaquerías. Trekking de Santa Cruz en los Andes peruanos. Después de los largos días de caminatas, aventura, nieve y lluvia -mucha lluvia-, volver a sentarte en un banco de madera y disfrutar de un zumo natural de naranja es algo que no tiene precio. El trekking de Santa Cruz es una experiencia que recomiendo a todo el que se encuentre por la zona. La temporada ideal para hacerlo es la estación seca –de abril a septiembre-, pero hacerlo con las lluvias puso a prueba nuestra capacidad de resistencia e improvisación, convirtiéndolo en una aventura mayor. Recuerda que la moneda en curso en Perú es el nuevo sol y que podrás cambiarla con Global Exchange.

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David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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