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Tirana, verla para juzgarla

Tirana, verla para juzgarla

Fue hace un mes cuando tuve que asistir a un curso de una semana a Tirana y, claro, aproveché esta estancia para descubrir qué tenía que ofrecerme la poco mentada entre los viajeros capital de Albania. Si digo que volví enamorada de esta ciudad, miento. Si digo que hubo algo que me atrapó, también. Me pareció una ciudad bastante decadente y con un halo de nostalgia difícil de encajar en mis esquemas mentales (como pasa en muchos países de la zona: una barbaridad de perros abandonados y mendicidad por doquier).

Algunos me dirán que es una ciudad con mucha historia (y de la complicada) detrás, pero claro, ¿y cuál no lo es? Así que siendo sincera diré que no es un lugar al que viajaría expresamente. El resto de Albania creo que ya es otra historia (es un país montañoso, con paisajes impresionantes), pero ese juicio de valor espero poder emitirlo en unos meses.

Aun así, si te animas a hacer una ruta por los Balcanes, no puedes dejar de visitarla. Y yo te voy a ayudar a que lo hagas dándote unas pinceladas sobre la misma.

Algunas claves sobre Tirana.

Como ya he comentado antes, Tirana es la capital de Albania y tiene 800 986 habitantes, de entre los 2 893 005 con los que cuenta el país. Su idioma oficial es el albanés y la moneda en curso el lek. En este país existen cinco religiones predominantes (por orden de importancia): musulmana, suní, bektashi, ortodoxa, católica y evangélica, y su forma de gobierno actual es la República parlamentaria.

Imagen del Teatro de la Ópera de Albania, en Tirana.

Si llegas hasta esta ciudad en avión, aterrizarás en el Aeropuerto Internacional de Tirana Nënë Tereza (Madre Teresa, en español). Desde allí, podrás coger un autobús, de los llamados «Rinas Express», que te dejará en el Museo Nacional de Historia de Tirana, y que funciona desde las 6 hasta las 18 h. El billete del mismo te costará 250 leks albaneses (1,8 euros/2 dólares americanos). Si, en cambio, ya has empezado a moverte por los Balcanes, lo más práctico será que llegues en autobús, como fue mi caso (después de 12 maravillosas horitas desde Sofía y por un módico precio de 73 euros, ida y vuelta). Este te dejará en la misma zona que el autobús del aeropuerto.

Qué podrás ver en la capital albana.

Tirana es una ciudad muy amigable para el turista ya que resulta fácil ver los principales atractivos, en el centro, andando. La Plaza de Skanderberg será un buen punto de partida para tu recorrido. En ella encontrarás la estatua del héroe nacional que le da nombre a la plaza, Gjergj Kastrioti (conocido como Skanderberg), portador de ese título por su rol en la lucha contra el imperio otomano, en el siglo XV. Y esta figura la verás, en repetidas ocasiones, por toda la ciudad, en diferentes plazas y rincones.

Plaza de Skanderberg, en Tirana.

A la derecha de esta plaza, te toparás con el Teatro de la Ópera Nacional de Albania, un edificio imponente frente al que se encuentra el Museo Nacional de Historia de Albania. Este último lo reconocerás por la imagen que tiene en su fachada, hecha de mosaicos, que representa la evolución histórica del país. Se trata del museo más grande de Albania y en él encontrarás, además de distintos tesoros arqueológicos, una réplica de la espada que portó Skanderberg. La entrada al mismo te costará 200 leks albaneses (1,5 euros / 1,7 dólares americanos).

Museo Nacional de Historia de Albania.

Una vez que hayas visitado el Museo Nacional de Historia, puedes seguir calle abajo por Deshmorët e Kombit, donde se te irán presentando los principales lugares que visitar. El primero de ellos es la Mezquita Et’hem Bey, edificio emblemático por su papel simbólico ante el fin del comunismo. En 1991, más de 10 000 personas entraron en él a la fuerza y empezaron a rezar, pese a la prohibición de cualquier tipo de culto en la época. Sin duda, merece la pena que dediques una visita a su interior por la belleza que encontrarás en él. Junto a esta podrás ver la Torre del Reloj.

Si sigues calle abajo, llegarás a la Pirámide (en la imagen de portada), estructura construida por los hijos del líder comunista Enver Hoxha (el otro personaje principal en esta ciudad) con el fin de hacer las veces de mausoleo. Este edificio ha ido asumiendo distintos roles con el paso del tiempo (centro de conferencias, base para la OTAN durante la guerra de Kosovo…) y a día de hoy está abandonado. Los más atrevidos ascienden por los laterales hasta su parte más alta para conseguir unas buenas vistas. Yo no puedo ponerme ese calificativo porque, pese a ir con un grupo de gente que sí que subió, no me atreví a hacerlo…. Llamadme miedica.

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Tras este, y llegando hasta el final de la misma, encontrarás el edificio de la Universidad Politécnica de Tirana, llamado durante la época comunista «Universidad de Tirana Enver Hoxha».

Deshaciendo el camino que has hecho, pero por la calle paralela (Dëshmoret e 4 Shkurtit), podrás hacer una parada en el pintoresco Parque Rinia (y descansar un rato del paseo) o en cualquiera de las terracitas (y pubs de lo más animados) que verás en la misma (y en toda esta zona: Blloku). Y si eres de los que gustan de disfrutar de la noche, no dejes de hacerlo en esta ciudad porque otra cosa no, ¡pero ambiente nocturno hay para rato! Puedo dar fe. Ahora, recuerda que, como ya te he dicho antes, tendrás que pagar las copas en leks albanos. Podrás conseguirlos con Global Exchange.

Imagen de una de las calles de Tirana, en Albania.

Una vez que hayas terminado este trayecto, podrás decidir si quieres visitar alguno de los búnkeres que se encuentran dispersos por la ciudad (y también fuera de esta). A mí no me dio tiempo pero si te queda algún rato libre, podrás acercarte hasta uno, o varios, de ellos.

Si te animas a pasar por esta ciudad albana, ¿nos cuentas qué te ha parecido?

© Imágenes: Miriam Gómez Blanes.

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Miriam Gómez Blanes

Periodista inquieta y adicta a la escritura sin solución, actualmente coordino los contenidos del blog de viajes de Global Exchange, «Travel and Exchange». También cuento otras historias y realidades en mi blog: www.overthewhitemoon.com. Y lo hago mientras recorro el mundo. Si un viaje me dice ven, lo dejo todo.

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