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Segovia en bici: patrimonio, cañadas reales y bellos paisajes

Segovia en bici: patrimonio, cañadas reales y bellos paisajes

El cicloturismo es una de las formas más divertidas y sanas de explorar un lugar. Cada vez va teniendo más adeptos, sobre todo en Europa, y España es un país perfecto para realizarlo. Yo, que no tengo coche y me muevo siempre en bici por mi tierra, Alicante, también lo intento practicar en mis viajes.

El año pasado tuve la suerte de poder recorrer parte de la región pirenaica y este año decidí aventurarme en el bello paisaje de las antiguas cañadas reales que circundan Segovia, pasando también por la ciudad del famoso acueducto y algunos de los preciosos pueblos cercanos a ella.

Pedraza

El sol lucía alto en un cielo totalmente límpido cuando me monté en mi bici. El lugar escogido para comenzar la etapa no podría haber sido mejor: el castillo medieval de Pedraza.

Imagen del Castillo de Pedraza, en Segovia.

La fortaleza fue construida en el siglo XIII, siendo posteriormente reformada por los duques de Frías, ya avanzado el siglo XVI. Aquí se libraron duras batallas y algunos personajes históricos –como los dos hijos del rey Francisco I de Francia– permanecieron encerrados en sus lóbregas mazmorras.

Las primeras pedaladas las realicé sobre los adoquines de una villa que te hace viajar en el tiempo. La ciudad medieval amurallada de Pedraza fue declarada Conjunto Histórico en 1951 y llegué a su parte más bonita, la Plaza Mayor, en menos de un minuto.

Imagen de la Plaza de Pedraza.

La plaza está presidida por la imponente torre románica de la iglesia de San Juan. El resto de edificios de piedra están sostenidos por arcos que forman bellos pórticos. Es un lugar idílico, perfecto para visitar en pareja.

Me detuve a sacar unas fotos y seguí hacia la Puerta de la Villa, único acceso al pueblo desde el siglo XI.

Cañadas reales

Al salir de Pedraza, la carretera descendía en un suave zigzagueo para realizar su transición a un camino de tierra. Aquí comenzaba lo bueno y las primeras rampas rompepiernas asomaban en el horizonte.

Al poco, me encontraba rodando por la Cañada de los Llanos, una de las antiguas cañadas reales por las que los pastores trashumantes guiaban a su ganado.

Fui dejando atrás algunas granjas y vastas extensiones de verdes prados se abrían a ambos lados del camino. Me parecía imposible que menos de veinte minutos antes me encontrara en un pueblo habitado. Granjeros y animales me contemplaban al pasar con una expresión bastante parecida. Me sentía en una España de otra época. El corazón rural de un país que merece la pena descubrir a un ritmo sosegado y cuerpo a cuerpo, como lo estaba haciendo.

Después crucé un par de puentes sobre las limpias y frescas aguas del río Las Pozas y el arroyo de La Vega, llegando a la población de Valle de San Pedro, donde el camino rural volvía a transformarse en asfalto.

El descanso duró poco y volví a meterme en el barro –prueba derretida del hielo de la noche anterior– a la altura de Chavida.

El paisaje era precioso. La Sierra de Guadarrama aparecía nevada, enmarcando campos de pastos regados por arroyos. Sabinas, enebros y robles creaban unas sombras que eran aprovechadas por las sofocadas reses.

Afronté la última parte de la etapa en Pelayos de Arroyo, cuya iglesia románica es su único atractivo. A partir de aquí, una serie de duras subidas y bajadas llevan a Santo Domingo de Pirón, punto en el que volví a la carretera para cubrir los últimos kilómetros hasta mi hotel en Torrecaballeros. Al llegar a él, estaba muerto, pero pude oler la que iba a ser mi merecida recompensa: un buen cochinillo al horno.

La Granja de San Ildefonso

Bicicleta en la Granja de San Ildefonso, Segovia.

Al día siguiente, amanecí con unas buenas agujetas en las piernas y estuve tentado de realizar una ruta más corta y sencilla. Sin embargo, como soy testarudo, finalmente opté por la que ya me habían trazado mis amigos de Bikefriendly, una empresa española, creada en el corazón del pirineo oscense por un grupo de amigos amantes de la bici, que otorgan su sello de calidad a alojamientos que tienen instalaciones adecuadas para ciclistas. Además, también actúan como guías y consultores de viajes en bici. Y como personas, unos cracks.

La Granja de San Ildefonso, a pesar de no contar con más de 6000 habitantes, posee un gran patrimonio monumental. El Palacio Real es su icono, pero también merece la pena visitar la Real Fábrica de Cristales (del siglo XVIII) y recorrer las empedradas calles del centro histórico.

Los amantes de la bici estamos de suerte aquí y comencé a pedalear por el magnífico carril, habilitada para ella, que rodea La Granja y se interna en un bello bosque por el que discurre un río con puentes de piedra.

La Granja de San Ildefonso, en Segovia.

Dejé el camino principal para hacer un poco de cross y me encontré, de pura casualidad, con un mirador desde que el que tenía estupendas vistas a la Sierra de Guadarrama y el valle a sus pies.

Regresé a la senda y, al poco, conectaba con otro ancho carril bici que lleva de la Granja a Segovia. Fueron unos 12 kilómetros de asfalto en buenas condiciones que resultaron un gran alivio para mis piernas, cansadas del esfuerzo del día anterior.

Segovia

Una vez llegué a la ciudad de Segovia, se acabó el carril bici y maniobré entre el tráfico hasta llegar a uno de los monumentos más emblemáticos de España: el magnífico acueducto de Segovia.

Levantado por los romanos en el siglo II, estuvo llevando agua a la ciudad, desde el manantial de Fuenfría (a unos 15 km), hasta hace poco tiempo.

Iba enchufado y no tuve tiempo de recorrer la ciudad vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. Por ello, volví mi espalda a la judería, la catedral de Santa María y demás monumentos y puse rumbo norte, abandonando luego la carretera y regresando a los campos llenos de vacas, cabras, caballos y caserones.

Por caminos rurales recorrí las pedanías de Trescasas y Cabanilla del Monte, justo antes de regresar a Torrecaballeros y meterme, entre pecho y espalda, un buen plato de judiones.

Bicicleta, aire libre, patrimonio y gastronomía. No hay mejor forma de conocer España.

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David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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