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Ruta en coche por la costa oeste de Australia

Ruta en coche por la costa oeste de Australia

Uno de los últimos grandes países en ser explorado a fondo por el hombre occidental, Australia, sigue siendo un gigante donde la naturaleza mantiene un poder que va decayendo en el resto del mundo.

El secreto para que la Madre Naturaleza preserve su hegemonía reside, principalmente, en que el sexto país del mundo por extensión tiene poco más de la mitad de los habitantes que posee España. Además, la mayoría de ellos se concentran en las zonas este y sur, dejando el oeste y centro para los más valientes.

La costa oeste australiana nada tiene que ver con la este. Una carretera lineal aparece como una cicatriz grisácea que horada la tierra rojiza. Canguros, emús, lagartos y muchos animales más campan a sus anchas en una vasta tierra donde el hombre se siente insignificante.

Emu en Australia.

No hay transporte público que conecte los escasos núcleos urbanos de la costa oeste. La única opción para explorarla es hacerlo con un vehículo propio, preferiblemente una furgoneta o campervan, llevando la casa a cuestas.

Reúne una buena cantidad de comida, consigue un buen colchón, bidones de agua y algo de gasolina –las estaciones de servicio pueden espaciarse por más de 400 km -, algún neumático de reserva, muchas ganas de aventura, ¡y parte!

Dejando la civilización en Perth

Con sus más de 2 millones de habitantes, Perth es la ciudad más importante de la costa oeste y capital del estado de Western Australia.

Caminé por sus calles y me dio la impresión de ser un importante centro financiero, combinado, armoniosamente, con una vida mucho más apacible en la costa y las verdes regiones de viñedos al sur de la ciudad.

Es el lugar donde debes alquilar tu vehículo salvo que hayas hecho la machada de venir del este con él. Compara entre las muchas agencias de alquiler y elige una máquina fiable que no te deje tirado en el medio de la nada.

Rumbo al norte, The Pinnacles, en el Parque Nacional de Nambung (Cervantes)

Nuestro afamado escritor español debe extrañarse, allá donde esté, de encontrar un pueblo en Australia que lleva su nombre. La pequeña localidad turística de Cervantes se encuentra unos 255 km al norte de Perth. Hasta aquí el camino es agradable, no tan seco y salpicado por pueblos y granjas aquí y allá. Aún nos encontramos en la civilización.

Cervantes es la puerta de entrada al Parque Nacional de Nambung. Aunque las extrañas formaciones calcáreas, llamadas The Pinnacles, constituyen el máximo atractivo de Nambung, no es el único. Estos pináculos de caliza, se han ido formando con el paso de miles de años y se encuentran diseminados entre las arenas de un mar de dunas que acaban en las aguas del Índico. Los canguros se pasean entre arbustos y dunas, acercándose a las extensas playas desiertas sin temor a ser molestados.

The pinnacles, en Australia.

Hay pináculos que alcanzan hasta los 5 metros de altura, aunque la mayoría son de menor tamaño.

Un paisaje extraño donde los haya que bien merece una parada de varias horas. En un aparcamiento de la villa de Cervantes, pasamos nuestra primera noche.

Las conchas de The Shell Beach

Desde Cervantes, el camino va siendo cada vez más solitario y entramos en tierra de nadie. Bueno, de nadie no. Los animales se apoderan de todo. Hay que conducir con cuidado y evitar hacerlo al caer el sol, pues puedes llevarte por delante a algún canguro, reptil o emú que cruzan la carretera a lo kamikaze, sabedores de que por allí apenas pasa alguien.

El paisaje se repite a ambos lados de la carretera: tierra rojiza, arbustos pardos y verdes y, en ocasiones, el azul océano.

A 800 km al norte de Perth y a unos 45 al sur de Denham, encontramos una playa casi única en el mundo. Solo existen dos playas compuestas, totalmente, por fósiles de caracolas de mar y almejas. The Shell Beach tiene más de 60 km de largo y su capa de fósiles llega a una profundidad de entre 7 y 10 metros. El agua aquí posee un grado de concentración salina bastante por encima de la media.

Shell beach, Australia.

Extiende tu toalla sobre ese manto de blancura refulgente y túmbate sobre miles de años de fosilización.

Los delfines de Monkey Mia

Siguiendo la ruta hacia el norte pasamos la población de Denham sin detenernos y avanzamos otros 25 km rumbo noreste para llegar a la reserva de Monkey Mia, en Shark Bay Marine Park.

Cada día, durante los últimos 40 años, llega a la playa de Monkey Mia una familia de delfines que vive en estado salvaje, pero se han acostumbrado a ser alimentados por el ser humano. Para acceder a la playa que visitan los delfines hay que pagar un ticket válido para 24 horas y los cuidadores del lugar te dan una charla introductoria antes de entrar con ellos en el agua cuando llegue la hora del almuerzo de estos mamíferos acuáticos.

Alimenté a uno de ellos con mis propias manos. Dejé un pez en la palma de mi mano, abierta a ras de superficie, y me lo arrebató con una rapidez y una precisión pasmosas.

Delfines en la reserva de Monkey Mia

Hay un centro de interpretación, un camping, apartamentos y un hostal con zonas comunes por si esa noche no queréis quedaros a dormir en una furgoneta. Nosotros sí lo hicimos y conseguimos encontrar un lugar precioso para ver atardecer y descansar.

La zona alrededor de Shark Bay está plagada de pequeños acantilados, magníficas playas desiertas y mucha naturaleza.

Playa en la costa oeste de Australia.

A la mañana siguiente emprendimos el camino de regreso a Perth. En total, condujimos unos 1800 km, pero nos quedaron muchos más para llegar a explorar a fondo toda la costa oeste australiana. Habrá que volver.

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En Australia, la moneda en curso es el dólar australiano (AUD) y puedes conseguirla cambiando la tuya con Global Exchange.

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David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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