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Qué no te puedes perder en Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Qué no te puedes perder en Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Ciudad del Cabo siempre quedará en mi memoria como el primer lugar que pisé en África. Quien ha explorado con algo de profundidad el continente negro sabe que este hecho marca mucho al viajero.

África es distinto a todo lo que conocí en mis anteriores viajes. El sol aquí te insufla una energía distinta y la gente vive la vida de otra manera. Y te contagia. Además, su naturaleza salvaje no es comparable a la de ningún otro lugar y demuestra su condición de cuna del hombre.

Ciudad del Cabo –Cape Town en inglés- es una urbe cosmopolita, artística, divertida y moderna donde las diferencias de clase por el color de piel se van diluyendo pero siguen, de alguna manera, presentes en la sociedad.

Aunque la ciudad ofrece muchas cosas desde el punto de vista arquitectónico, histórico y lúdico, aquí os voy a hablar de dos visitas que no podéis pasar por alto.

Visita a la Table Mountain

Es el lugar más emblemático de Ciudad del Cabo. La Table Mountain ha sido votada como una de las 7 nuevas maravillas naturales del mundo.

Panorámica desde la Table Mountain, Ciudad del Cabo.

La entrada es totalmente gratuita y solo se paga el billete de teleférico si quieres a subir hasta la cima por este medio. El billete de subida cuesta unos 120 rands sudafricanos (ZAR) y el que incluye la bajada 225 ZAR. Puedes usarlos durante todo el día.

Si estáis medianamente en forma y os apetece disfrutar de la naturaleza y de unas vistas distintas, os aconsejo que ascendáis la Table Mountain a pie. Para ello, hay varias rutas de distinto grado de dificultad. La más directa y sencilla es la que discurre por la Platteklip Gorge (Garganta de la Piedra Lisa).

Camino de subida a la Table Mountain, Ciudad del Cabo

Para llegar hasta la base de la montaña desde el centro de Ciudad del Cabo la mejor opción es el taxi. Os costará unos 70-90 ZAR (negociad el precio con el taxista antes de subiros al coche) y es mucho menos lioso que las furgonetas colectivas que apenas suben a esa parte.

Yo subí con el teleférico sobre las 12 de un día soleado y visibilidad perfecta. Recorrí el breve circuito cerrado que existe en la cima y fui contemplando las vistas desde los distintos miradores. Eran todas sobrecogedoras.

Hacia el este se puede apreciar cómo la ciudad se desparrama desde las faldas de las montañas hasta el océano. Las playas chic, rodeadas de barrios chic, estaban a rebosar de gente que aprovechaba los últimos días del verano austral. Más allá se distinguía la famosa Robben Island, donde Nelson Mandela pasó sus días privado de libertad por su continua lucha por la igualdad racial en el país.

Un poco más al norte se aprecian otras formaciones rocosas muy peculiares: Devil´s Peak y Lion´s Head.

Pero, sin duda, la vista más espectacular quedaba en el sur. Montañas tapizadas de verde morían en acantilados cortantes. Una pequeña carretera costera seguía una línea sinuosa que llevaba al Parque Nacional del Cabo de Buena Esperanza. Me habría encantado tener el tiempo suficiente para conocer ese paraje natural que marca el punto donde el Atlántico cambia su nombre por el de Índico. Desde la distancia su belleza no perdía un ápice.

Vistas desde la Table Mountain, Ciudad del Cabo

Me pasé horas contemplando las vistas, escuchando música y escribiendo en mi diario de viaje. Tan solo llevaba cuatro días en África y ya sentía la necesidad de plasmar en papel todo lo que me estaba haciendo sentir.

Al atardecer tomé el camino que descendía por la Platteklip Gorge y, tras un par de horas de alegre caminata, llegué al centro de Ciudad del Cabo con una gran sensación de exaltación de la felicidad. La gente reía, conversaba y bebía en las terrazas exteriores de los pubs y restaurantes. El ambiente era increíble. Un día perfecto.

Museo del Distrito 6

Inaugurado en 1994 -con la victoria de Mandela- debes visitar este museo, enclavado muy cerca del centro de la ciudad, para hacerte una buena idea de lo que supuso el problema del apartheid en Sudáfrica.

Museo del distrito 6, Ciudad del Cabo.

Los Afrikaners -una minoría blanca formada por descendientes de alemanes, holandeses y franceses, principalmente- llegaron a obtener el poder, a través de la formación política The National Party, en 1948. Entonces crearon una serie de leyes que promulgaban la superioridad del hombre blanco sobre los de cualquier otra raza, considerando a estos últimos como ciudadanos de segunda clase. Ese conjunto de leyes se llamó apartheid.

El apartheid prohibía las agrupaciones políticas que no fueran compuestas por militantes blancos, revocó la ciudadanía a los negros y creaba zonas exclusivas para blancos en áreas públicas, hospitales, playas, colegios o lugares de ocio.

Cartel en el Museo del distrito 6.

No se consiguió acabar del todo con esta aberración hasta 1994, cuando el ANC de Nelson Mandela se impuso en unas elecciones democráticas que darían la vuelta al mundo.

Parte de esta historia se muestra en este pequeño museo que está dedicado a la enseñanza de lo que pasó y no debe volver a ocurrir. Además, se centra en un hecho muy concreto que sucedió en Ciudad del Cabo.

El distrito 6 era un barrio en el que se fueron asentando familias de emigrantes de las más diversas razas desde la segunda mitad del siglo XIX. Era un barrio proletario y artesano que tuvo la mala suerte de encontrarse en una localización envidiable de Ciudad del Cabo.

Testimonio en el Museo del distrito 6, Ciudad del Cabo.

A mediados del siglo XX, el 6 se convirtió en un objetivo primordial del gobierno. Querían desalojar a sus actuales habitantes para construir una zona comercial y residencial habitada por blancos. Los buldócers comenzaron a derruir casas en 1966 y, desde ese año hasta 1982, desalojaron a 60 000 personas que fueron trasladadas a unas chozas construidas en una meseta arenosa a las afueras de la ciudad. Esas casas siguen allí hoy -como pude comprobar en mi camino del aeropuerto al centro- y la vida de sus inquilinos es deprimente en un lugar donde el sol pega con fuerza y nada crece. Parece que esperen, sin nada que hacer, a fundirse con la arena del suelo sin notar pena o dolor.

Toda la planta baja está ocupada por un plano gigante del distrito 6 sobre el que muchas de las familias afectadas y sus descendientes han señalado el lugar en el que vivían.

Imagen de la planta baja del Museo del distrito 6.

Recreaciones de tiendas, bares, barberías y demás escenas cotidianas, ocupan el segundo piso. Aquí y allá hay poemas o escritos dejados por los afectados, mezclados con fotografías de la demolición y carteles con lemas racistas. Leer y ver todo eso te pone los pelos de punta.

Con el final del apartheid se comenzó a revertir esta lamentable situación, pero no sería hasta el 2003 cuando comenzara la construcción de unos apartamentos que serían donados a las familias expulsadas. En febrero del 2004, Mandela entregó las llaves a los primeros residentes octogenarios que volvían al 6.

Información útil: El museo se encuentra en el número 25 de Buitenkant Street. Abre de lunes a sábado, de 9 a 16 h. y la entrada cuesta 30 ZAR si haces la visita solo o 45 ZAR si decides hacerla con un ex-residente que te contará la historia del 6. Recordad que la moneda de Sudáfrica es el rand (ZAR) y podéis cambiar vuestros euros o dólares en cualquier oficina de Global Exchange.

David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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