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Por los caminos perdidos de Etiopía

Por los caminos perdidos de Etiopía

Desde que leí el libro Los caminos perdidos de África, de Javier Reverte, quedé fascinado por Etiopía. En ese momento, comencé a trabajar en una ruta que estuve a punto de seguir en 2013, pero que el destino quiso aplazar hasta la primavera del 2015.

Ahora, acabo de regresar de mi viaje y, a pesar de la dureza de haberlo realizado de manera independiente, con la mochila a cuestas y con muy bajo presupuesto, creo que ha merecido mucho la pena.

La mayor parte de la opinión pública occidental sigue asociando Etiopía con las imágenes que mostraban los televisores de nuestras casas durante la terrible hambruna que asoló al país en la década de los 80. Aquello fue el dramático resultado de tres años de absoluta sequía, pero nada tiene que ver con la realidad actual del país. Es pobre, de eso no cabe la menor duda, pero muy lejos de los extremos que vimos en esos momentos.

Para acabar de convenceros sobre este exótico destino africano, aquí os dejo cinco razones de peso para explorar Etiopía:

1. Es el único país africano que nunca sufrió una colonización prolongada

Tribus árabes, ingleses e italianos, entre otros, trataron de conquistar y someter Etiopía a lo largo de los siglos. Sin embargo, ninguno consiguió doblegar a este pueblo, orgulloso y fiero en la lucha, de manera prolongada.

Cuando las potencias europeas trazaron fronteras y se repartieron África a su antojo, en las décadas precedentes a la Primera Guerra Mundial, los etíopes quedaron al margen, siendo el único estado independiente de todo el continente negro.

Gente en Dodola, Etiopía

Esto dice mucho del pasado y presente de Etiopía. Es un país con una historia y cultura únicas, no contaminadas por ninguno de los impuestos valores europeos que podemos encontrar en el resto de ex colonias africanas. Su pasado está formado por leyendas fascinantes y creencias arcaicas, que han ido pasado de generación en generación, mayormente, por vía oral.

Un pasado de guerras, mitos religiosos, héroes y santos… ¿Quién no se deja seducir por semejante pueblo?

2. Espectaculares y diversos paisajes

Etiopía está claramente dividida en dos partes: norte y sur. Me decanté más por el norte, pero, una vez he tenido la experiencia, habría pasado más días en el sur.

La razón es que la temporada seca afecta más al norte y los paisajes áridos son bonitos en su crudeza, pero acaban cansando si estás realizando caminatas por la zona, como fue mi caso.

Imagen de un paisaje simién

El norte es montañoso y verde justo después de la temporada de lluvias – siendo entre octubre y diciembre el mejor momento para visitarlo -, pero casi desértico a partir de febrero y hasta junio. En el sur, el verde se apodera también de las montañas de manera perenne.

En Etiopía hay más de 20 picos por encima de los 4000 metros, proporcionando al viajero un terreno perfecto para el senderismo. Las montañas Simien y Bale ofrecen, además, la posibilidad de ver especies endémicas como el mono Gelada, el lobo etíope e ibex Walia. En cuanto a la flora, tenemos la lobelia gigante, una alienígena especie encontrada sólo en este país.

También hay zonas de lagos de gran belleza, como el Tana, el más grande del país, con sus islas salpicadas de antiguas iglesias o los de Langano, Ziway y Hawassa.

Imagen del lago Tana en Etiopía

3. Su patrimonio histórico, cultural y arquitectónico

Un pueblo africano que ha preservado su cultura durante toda su existencia resulta fascinante por el hecho de que es un caso único.

En el norte encontraremos monumentos milenarios del imperio Axumita, las iglesias cristianas del siglo VII excavadas en la roca de las montañas de Lalibella, monasterios en las islas del lago Tana, y la leyenda dice que poseen el famoso Arca de La Alianza de los judíos. Habrá que comentarle a Indiana Jones que está buscando en el lugar erróneo.

En el este del país se erige Harar, considerada la cuarta ciudad musulmana más sagrada del planeta y una muestra actual de un equilibrio religioso cada vez más complicado en otros países. Dentro de sus murallas se extiende una maraña de estrechas calles típicas de cualquier ciudad árabe.

Los hombres y mujeres de las arcaicas tribus del sur pintan sus caras en las casas circulares hechas con barro y paja. El valle del Omo es el regreso al África más antigua, pero ha perdido su esencia principal con la llegada del turismo occidental y el posado para las fotos a cambio de dinero.

Un mosaico variado que no deja indiferente a nadie.

4. La hospitalidad de sus gentes

En mis viajes por el ancho mundo, nunca encontré unas gentes tan hospitalarias como los etíopes. En Addis, la capital, me he quedado diez noches con una chica que me acogió como si fuera familia. No me pidió nada a cambio.

Imagen de un etíope simién

Durante los largos y cansinos desplazamientos en autobuses y furgonetas por todo el país, estudiantes y otras gentes me han invitado a cenar, comer o a una bebida en cada parada que realizábamos. Sus sueldos, si existen, son muy bajos, pero eso no les impide tratarte así. Incluso te alimentarán ellos con sus propias manos, así que no os asustéis si os encontráis con un trozo de injera a unos milímetros de vuestra boca mientras un nuevo amigo etíope lo sostiene en su mano.

En mis caminatas por la montaña me lavaron las piernas y me las masajearon al final de una dura jornada. Después nos cedían sus terrenos para plantar nuestra tienda de campaña y poder dormir bajo las estrellas africanas.

5. La sensación de viajar por el África más auténtica

No hay nada más puramente africano que Etiopía. Ingleses, italianos, franceses, belgas, portugueses y alemanes han dejado, de una manera u otra, su huella en los países que colonizaron durante largas décadas. Nadie pudo con los etíopes.

El amárico, y otras doscientas lenguas, siguen siendo los idiomas más extendidos, aunque el inglés se enseña en las escuelas para que los alumnos puedan tener un futuro internacional. Pero las gentes que encuentras en el camino tienen la mirada orgullosa de quien nunca pudo ser conquistado.

Tienda de campaña en Simien, Etiopía

Salvo que vayas con un paquete organizado, es un país duro que pondrá a prueba tu resistencia física y psicológica como pocos otros, pero la recompensa de estar viajando por la verdadera África contrarrestará cualquier penuria.

Dato útil: la moneda local es el Birr (ETB) que no se puede adquirir en ningún país extranjero. Sin embargo, muchas de las actividades y hoteles para extranjeros pueden ser abonados en dólares americanos. También el visado (en la actualidad 50 dólares americanos o 48 euros) puede pagarse en moneda extranjera. Por eso, antes de viajar a este increíble país, recuerda cambiarla con Global Exchange.

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David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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