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Pamukkale: ruinas milenarias y bellas piscinas naturales en Turquía

Pamukkale: ruinas milenarias y bellas piscinas naturales en Turquía

Turquía es un país maravilloso. Una de sus ciudades más afamadas, Estambul, es la favorita de mi mundo conocido y el resto de su geografía es una prueba viviente del paso de grandes civilizaciones y de las disputas entre ellas.

Pequeños pueblos se alternan con restos arqueológicos incunables. Y siendo así, no es raro que en Turquía se encuentren lugares como Pamukkale, donde la naturaleza y los restos de poderosas civilizaciones humanas interactúan de la mejor de las maneras posibles.

¿Qué es Pamukkale?

Aunque casi todo el mundo conoce el lugar como Pamukkale, lo cierto es que el nombre indicado es el de Hierápolis-Pamukkale.

Por un lado, tenemos la increíble belleza natural que es Pamukkale. Pamukkale es un vocablo turco que significa «castillo de algodón». Y es eso lo que parece Pamukkale desde la lejanía.

Corrientes de agua subterránea, muy rica en minerales, han ido horadando la piedra caliza del valle y han creado un sistema de terrazas de piedra de color blanco níveo. Un castillo que refulge bajo la luz del sol, como una fortaleza que puede parecer inexpugnable durante la tarde noche, pero que durante el día pierde todo su aplomo y es conquistada por oleadas de turistas. Una fortaleza, sí, pero de olor fuerte, como siempre ocurre con las piscinas naturales de aguas termales.

Algunos de estos turistas se contentan con ver el espectáculo natural, pero muchos otros vienen equipados con su bañador y prueban las aguas de las piscinas naturales de Pamukkale. Dicen que poseen propiedades curativas… Y eso es precisamente lo que alentó a griegos y romanos a crear una ciudad a los pies de este valle milenario.

Los griegos la llamaron Hierápolis y sus ruinas, junto con las de las posteriores construcciones romanas, limitan con las piscinas naturales.

Su importancia arqueológica es tal que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998 y es un auténtico museo al aire libre.

Las aguas termales de Pamukkale han sido usadas como spa desde el siglo II a. C. Esto provocó que la zona se convirtiera en lugar de retiro de la clase media-alta romana.

Baños termales —hoy en día hay una piscina en la que podrás sentir lo mismo que aquellos romanos—, templos, una calzada principal e, incluso, una importante necrópolis serán algunos de los monumentos que podrás contemplar en tu visita a Hierápolis.

Consejos para disfrutar al máximo de tu visita a Pamukkale-Hierápolis

Como en todos lados, conviene saber algunos trucos a la hora de visitar Pamukkale y Hierápolis.

  • Visita las terrazas termales descalzo: así podrás chapotear en las piscinas sin tener que ir descalzándote y calzándote todo el rato. Eso sí, lo que suele hacer la gente es atravesarlas de un extremo al otro y acabar en Hierápolis, donde necesitarás el calzado. Lo suyo es meter unas zapatillas en la mochila para ponértelas cuando llegues a las ruinas de la antigua ciudad.
  • Quédate a dormir allí: Pamukkale es un lugar realmente turístico y figura entre los más visitados de Turquía (más de dos millones de visitantes al año). Sin embargo, la mayoría de los turistas que llegan cada día lo hacen procedentes de los muchos resorts que hay en la cercana costa. Son excursiones de un día, cuyos integrantes suelen llegar en autobuses a mediodía. La mejor manera de esquivar las hordas de turistas —sobre todo en los meses de primavera y verano— es quedándote a dormir en cualquiera de los muchos alojamientos turísticos que encontrarás en la zona.
  • Contempla Pamukkale al amanecer: las mejores fotografías de Pamukkale las tendrás, como suele ocurrir en los parajes naturales, al atardecer y al amanecer. Sin embargo, el atardecer lo compartirás con un buen número de turistas. Si has hecho caso del consejo anterior, tendrás el amanecer prácticamente para ti solo.

  • Equípate bien: aunque el clima es agradable durante casi todo el año, el verano llega a ser tórrido. No te olvides de traer protector solar, gafas de sol, un sombrero o algo para proteger la cabeza del sol y agua. Y si quieres algo de comer, pues los restaurantes de la zona no son precisamente baratos.

¿Cómo llegar a Pamukkale?

El aeropuerto más cercano a la zona es el de Denizli el de Antalya está a 250 kilómetros—. Puedes llegar a él volando con Turkish Airlines o la low-cost turca Pegasus, desde el aeropuerto de Estambul.

Cuando llegues a la estación de autobuses de Denizli, tendrás que tomar uno de los minibuses (de unas 20 plazas y que cuestan 5 liras turcas por trayecto, unos 1,30 euros), que te llevarán a Pamukkale en tan solo 40 minutos.

Si no quieres volar, puedes tomar el transporte público turco y llegar en autobús hasta Denizli. Lo cierto es que los autobuses de larga distancia turcos son más que cómodos.

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Otra opción es contratar una de las muchas excursiones de un día que se venden en los resorts turísticos de la costa. Los autobuses hacen trayectos que llevan unas tres horas desde Kusadasi, cuatro desde Marmaris y Antalya y cinco desde Bodrum.

Por último, siempre puedes alquilar un coche y realizar tú mismo la excursión.

Datos prácticos de Pamukkale

Horarios:

  • Del 15 de abril al 2 de octubre: abierto desde las 8:00 a las 21:00 h todos los días.
  • Del 3 de octubre al 14 de abril: abierto desde las 8:30 a las 17:00 h todos los días.

El precio de la entrada al complejo de Pamukkale/Hierápolis es de 35 TRL (liras turcas), unos 9 euros al cambio.Para disfrutar de Pamukkale, tendrás que cambiar tus euros o dólares por liras turcas. ¿Quieres saber cómo hacerlo? Sigue leyendo.

¿Dónde puedo cambiar dinero para mi viaje?

Con Global Exchange, podrás cambiar la lira por tu moneda en el Aeropuerto de Antalya, en cualquiera de las dos oficinas que tiene en la zona de llegadas. Fuera de este país, Global Exchange te facilita el cambio de moneda en los principales aeropuertos de más de 20 países. Consulta las del tuyo y viaja con tranquilidad, siempre con la moneda lista para pagar todo lo que necesites.

David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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