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La Navidad en los templos de Angkor, Camboya

La Navidad en los templos de Angkor, Camboya

Ya está aquí la Navidad y todo lo que ella conlleva. El turrón, los villancicos, los anuncios que intentan potenciar nuestro espíritu consumista, la lotería, la fiesta, las luces y las reuniones familiares.

Aunque he vivido fuera muchos años, siempre me ha gustado estar por casa por estas fechas. Sin embargo, no siempre pudo ser y hubo alguna Navidad que me sorprendió con la mochila a la espalda en un lugar desde donde no podía atisbar ni la estrella de Oriente que guía a mis queridos Reyes Magos.

Así me ocurrió hace tiempo en Camboya.

Metí mi sucia mochila en la panza de aquel moderno bus de 45 plazas y subí junto a mis amigos Rober y Eva al frío ártico de la cabina arrasada por los potentes chorros del aire acondicionado. Eran las 6 de la mañana del día 24 de diciembre y la temperatura en Bangkok ya era de 26 grados.

El viaje fue largo. Cruzamos la frontera con Camboya y cambiamos el bus por una furgoneta colectiva que nos conduciría, penosamente, por caminos de tierra que parecían haber sido bombardeados no hace mucho. Tal era el número de socavones que teníamos que esquivar. Cuando por fin llegamos a nuestro pequeño hotel de Siem Reap, ya había anochecido.

Siem Reap es la base de operaciones para todos aquellos que quieran visitar una de las maravillas arquitectónicas de este planeta: la ciudad-templo de Angkor.

Atrapado por la selva, este complejo de mastodóntico tamaño (se considera la ciudad preindustrial más grande del mundo, pudiendo tener un millón de habitantes), fue construido como capital del Imperio Khmer alrededor del siglo XII. Su principal templo, dedicado a Vishnu, es Angkor Wat y se ha convertido en todo un símbolo del país, llegando a ser la figura central de la bandera camboyana.

Angkor Wat, Camboya.

Pero no veríamos nada de todo aquello hasta la mañana del día de Navidad.

Dejé la mochila en mi inmensa habitación «individual» -que me ofrecía 3 camas, baño privado y ventilador por 5 dólares la noche- y me di una buena ducha. Ninguno de los tres habíamos sacado el tema de qué hacer esa noche. Era la primera vez en mi vida que pasaba una Nochebuena lejos de mi familia. Quedamos a las ocho en el hall de aquel pequeño hotel familiar cuyo nombre ni recuerdo y barajamos la posibilidad de salir a cenar a algún sitio medio bonito que pudiéramos encontrar por la ciudad.

La gente de recepción nos vio debatir sobre algo, que no podían comprender pero quizá sí deducir, y a los pocos minutos se nos acercó el simpático chaval que nos había recibido al llegar y nos preguntó si queríamos apuntarnos a la cena que realizaba el personal del hotel. Nos miramos los tres por un segundo y asentimos sin dudarlo.

Fue una noche colosal. En el mismo pasillo de entrada al hotel tendieron unas sábanas en el suelo y empezaron a desfilar platos bastante simples, pero muy sabrosos. Pescados con cilantro, pollo con especias, algunas otras cosas indescifrables y arroz… mucho arroz. A falta de un buen vino regamos todo aquello con cervezas Angkor. No podía ser otra.

Cena de Navidad en Siem Reap, Camboya.

No todo el mundo hablaba inglés pero sí un buen número de los comensales, y los demás reían igualmente aunque no supieran de qué estábamos hablando. Las Angkor comenzaban a hacer su efecto.

Acabada la cena llegó el momento del baile y, para nuestra sorpresa, descubrimos que Enrique Iglesias era una especie de ídolo por aquella zona. Nos pusieron un viejo CD con las canciones de su álbum Escape y lo dimos todo en la improvisada pista al aire libre. Enrique dejó paso a canciones camboyanas y el desparrame general duró hasta las tres de la mañana, retroalimentándose con los turistas que llegaban al hotel y se unían a la espontánea rave.

Las caras a las seis de la mañana, cuando nos montábamos en la parte de atrás de las mototaxis que nos llevarían a visitar los templos de Angkor, eran un poema. Habíamos dormido tres horas antes de ver, por primera vez, la maravilla levantada por la civilización Khmer.

Hay varios tipos de pases para explorar Angkor. Puedes elegir entre el de un día (20 USD), tres días (40 USD, deben ser utilizados en el plazo de una semana) o siete días (60 USD, a utilizar en el período de un mes). Tanto el de tres como el de siete no obliga a que sean jornadas consecutivas. Mi consejo es que cojáis el de tres. Hay más de mil templos en un área enorme así que en un día no veréis más que algunos de los principales. El pase de siete es para auténticos amantes de este tipo de arquitectura religiosa y monumental. Debo confesar que no es mi caso.

Templos en Angkor Wat, Camboya.

Para moverse por la zona es necesario hacerlo en algún tipo de vehículo. Descartad hacerlo a pie, por el calor y porque no os daría tiempo a ver nada. Las mejores opciones son los clásicos rickshaws o mototaxis. En Siem Reap podéis encontrar mototaxistas que os llevarán todo el día por entre 3 y 5 USD.

Aunque casi todo en Angkor se paga en dólares americanos, os recuerdo que la moneda local es el riel camboyano (actualmente 1 euro equivale a unos 5.050 rieles).

Entrábamos al recinto el día de Navidad y el magnífico templo de Angkor Wat se convertiría en nuestro regalo más preciado. Desde allí vimos cómo la bola de fuego que es el Sol por estas latitudes, desparramaba sus tonos naranjas y violáceos en su batalla por no abandonar los cielos de los que es el rey. Uno de los atardeceres más bellos que he visto jamás.

Angkor Wat, Camboya.

Antes habíamos explorado otros templos menores. Los hay de todos tipos. Los principales han sufrido algunas obras de conservación, patrocinadas por los fondos que se obtienen de los más de dos millones de visitantes que pasan por aquí cada año. Pero, para mí, tienen mucho encanto aquellos que están derruidos y olvidados, casi consumidos por las raíces de los grandes árboles que forman esta selva tropical.

Y no solo vimos templos. Algunos niños y adultos trabajaban duramente en los inundados arrozales que jalonan el recinto. Allí los vimos justo después de contemplar un amanecer precioso desde otro de los templos principales y antes de internarnos en la selva en busca de lugares sin turistas. Aunque son muchos los que lo visitan a diario, el gran tamaño de Angkor hace que no sufras prácticamente ninguna aglomeración.

El tercer día no lo aprovechamos al máximo porque ya estábamos más que satisfechos con lo visto y queríamos regresar a Bangkok por la tarde. Era día 26 de diciembre y, tras una Nochebuena tan diferente, llegaría, en la famosa Bahía de Sídney, una Nochevieja inolvidable. Pero eso ya es otra historia.

 

David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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