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Desde Antalya a través del Egeo turco: Olympos

Desde Antalya a través del Egeo turco: Olympos

Enclave de lujo situado a la orilla del Mar Mediterráneo, en el suroeste de Turquía. «El lugar más bonito del mundo», proclamaba el fundador de la República de Turquía, Mustafá Kemal Atatürk. Quizás sea precisamente ese el motivo: la belleza de Antalya.

Turistas procedentes de la propia Turquía o de sus afueras (Rusia, Alemania, España…) la eligen como destino ideal para descansar en las vacaciones. Y no es de extrañar: Antalya se sitúa en un acantilado del Mediterráneo rodeada de montañas gigantescas. De ahí también que el contraste entre sus playas y sus montañas tan elevadas impresione a quien la visita. De hecho, al preguntar, por mera curiosidad, sobre Antalya, los turcos coinciden en la misma anécdota: «En Antalya, mientras unos esquían en las montañas [arriba], otros se bañan en la playa [abajo]», con seriedad impoluta.

Antalya solo es apta para aquellos visitantes que adoren el sol y la calidez de las temperaturas, al menos a pie de calle, en las montañas ya es otro cantar, a ellas acuden quienes quieren esquiar y/o también escalar. A pie de calle, Antalya ofrece la posibilidad no solo de disfrutar de playas públicas y/o privadas (la cala Memerli, la extensa playa Koyaalti y la playa Lara), sino también de complementar la experiencia con visitas a su casco antiguo completamente renovado (Keleiçi, en turco) situado en lo alto del pequeño puerto marítimo (en turco recibe el nombre de Marina).

El casco antiguo tan cuidado llama mucho la atención, ya que Turquía se caracteriza por cierto énfasis caótico en sus ciudades, irresistible para los occidentales. Sin embargo, el casco antiguo de Antalya huye de esa característica tan típica en otras ciudades de Turquía como Estambul o Esmirna, para adentrar al visitante en un casco antiguo tan cuidado que despierta un encanto muy particular.

Antalya es una ciudad relativamente grande. La población es de unos dos millones de habitantes. Impresiona constatar que a pesar de constituirse como uno de los destinos nacionales favoritos para disfrutar de días de reposo, durante el invierno continúa igual de vital que en la época estival, a diferencia de otras ciudades costeras en Turquía que sufren un vacío impresionante tras el paso del verano.

Ciudad fácil de caminar y extensa, en el vertiginoso límite del acantilado en el que se asienta, rodeada de grandes montañas, aterrizar en Antalya, ya sea desde la propia Turquía o desde un destino internacional, ofrece la posibilidad al visitante de, una vez conocida y disfrutada tanto la ciudad como sus alrededores, extender la experiencia a otros enclaves del país, espectaculares en la propia simpleza de los sitios, a un precio muy asequible, y que constituirán, sin lugar a duda, toda una experiencia que se guardará en el recuerdo. O quizás no, quizás la experiencia sirva para volver y repetir.

Desde Antalya recorriendo la costa turca

 

Antalya da nombre al golfo de Antalya: un conglomerado de lugares ubicados en espacios impresionantes a pie de mar. El golfo de Antalya lo constituyen las localidades de Kemer, Belek, Kumkoey, Manavgat, la famosa Side, Avsallar y la también muy conocida Analya. La costa turca puede recorrerse hacia el este, en dirección a la ciudad de Mersin (y su afamado Castillo de la Muchacha en la playa) o hacia el oeste, en dirección a Esmirna (Izmir, en turco) haciendo paradas en los diferentes lugares costeros que se muestran en el mapa.

Hablamos de un recorrido hacia el oeste a través de Kemer, Olympos, Belek, la maravillosa KaŞ (sin duda este pueblo es uno de los mejores lugares en Turquía para disfrutar de unas muy merecidas vacaciones), Fethiye (cuenta con una playa tan impresionante que quita el habla), Marmaris (destino muy habitual de turistas rusos y alemanes, hay una zona muy bonita denominada Içmeler y es puerto también donde coger un ferri para desembarcar en la isla griega de Rodas), Bodrum (destino típico de turismo turco, equivalente a la Andalucía turca y que no tiene desperdicio, cuenta con un entramado de playas impresionantes que se combinan con una vida nocturna muy interesante para quien guste de música por la noche, conciertos en directo…) y, finalmente, hasta Esmirna (se trata de la tercera ciudad más grande de Turquía, una especie de Barcelona pero con estilo turco y que porta con orgullo la marca de considerarse la ciudad más proeuropea de todo el país).

Desde Antalya hasta Olympos

Una vez conocida y disfrutada Antalya, en todo ese entramado de posibilidades que su ubicación nos proporciona para descubrir una Turquía diferente a la que muestra Estambul, el visitante puede detenerse en Olympos, a unos 115 kilómetros de la ciudad.

Olympos descubre un aspecto de Turquía muy desconocido: un lugar caracterizado por el turismo sostenible, tiene cierto rasgo hippie, situado además en una zona natural protegida, respetuoso con la cultura del país, debido al mantenimiento y la conservación de ruinas a la entrada de su playa, y la posibilidad de alojarse en hoteles boutique (hoteles más pequeños y de trato más personal, muy extendidos entre la población turca) o en cabañas de madera donde se incluyen desayuno y cena que en Europa podríamos catalogar de ecológicas. Sin embargo, los precios de Olympos son asequibles.

Cómo llegar hasta Olympos y un poco de historia

Puedes preguntar en la estación de autobuses de Antalya para coger un autobús hasta Olympos o alquilar un coche, si lo prefieres. De todas formas, el transporte público en Turquía funciona muy bien y a un precio muy económico. Antalya es, de hecho, la ciudad más próxima a Olympos. En la estación de autobús deberás preguntar por los autobuses con destino a Fethiye o a KaŞ. Se tarda, más o menos, una hora y media. En la carretera de Olympos es necesario bajarse y coger un autobús pequeño (dolmuş, en turco) para bajar hasta el valle. Los autobuses están sincronizados y los turcos son muy amables a la hora de dar indicaciones, aunque no se hable el idioma.

Olympos fue una antigua ciudad de Licia, hasta que fue invadida y colonizada por los piratas cilicios. Después formó parte del Imperio romano. El dios del Olimpo era Hefesto, dios del fuego y de los herreros. Existe también la posibilidad de realizar senderismo por las montañas y disfrutar de las vistas.

Para acceder a la playa, visitar las ruinas es obligatorio

Quizás el único inconveniente de Olympos sea el pago que hay que realizar para acceder a la playa, de 20 liras turcas (unos 4 euros). Puede que sea en sintonía a una categorización que se realiza en la propia Turquía: se distinguen playas públicas (gratuitas) y playas privadas (hay que pagar una entrada, están limpias y se incluyen servicios como hamacas, duchas…). Hay que tener en cuenta también que el acceso a la playa se cierra por la tarde-noche así que es recomendable informarse sobre los horarios.

Para acceder a la playa hay que atravesar un tramo que discurre en paralelo a un río de agua muy, muy fría y en cuyos extremos se encuentran las ruinas de la antigua Olympos. Al principio del tramo puede tomarse un pequeño desvío para observar la conservación y el mantenimiento de las ruinas.

Se trata de un tramo que el visitante realiza a pie, muy cortito, entre el discurrir del río de agua helada, a lo largo de los árboles grandes que crecen en el extremo del sendero y las ruinas que se sitúan en ambos costados, hasta llegar a la explanada donde el río bifurca con el mar, observándose el horizonte del mar con las montañas que quedan a las espaldas.

De hecho, una de las curiosidades de esta playa es que durante los baños en el mar se sienten las ráfagas del agua fría que provienen del río y su contraste con el agua algo más tibia propia del Mediterráneo.

¿Hospedarse en una cabaña de madera?

De Olympus llama la atención el sosiego que se siente. Es un lugar calmado y, sin embargo, lleno de actividad. Los bares ofrecen música en directo por las noches. Puede verse la programación de cada uno de ellos en grandes carteles que se ponen en la zona de la entrada de la playa y elegir el tipo de música y/o el lugar que más guste. Algunos de los bares se encuentran un poco a las afueras, pero suelen poner a disposición de los clientes taxis gratuitos de idas y venidas para que los visitantes puedan disfrutar de la música mientras toman algo en la terraza.

Otra de las curiosidades de Olympus es la diferencia que ofrece a la hora de hospedarse. Los hoteles grandes, cinco estrellas… están prohibidos. El visitante puede reservar habitación en hostales equipados con piscinas, pequeños hostales que en Turquía se conocen como boutique hotels, hasta una cabaña de madera donde se incluye desayuno y cena de comida tradicional.

En el próximo artículo, la parada será en KaŞ. Este pueblo pesquero y turístico situado a unos 170 kilómetros de Antalya. Turquía es un país muy extenso en el que, en ocasiones, hay que recorrer distancias relativamente largas para visitar otros lugares, pero la experiencia en este caso merece mucho la pena. Nos referimos al ambiente del propio pueblo, a una excursión a las ruinas de Demre, a navegar en barco a través de la bahía de Kekova, a observar las ruinas de una civilización extinta que reposan en el fondo del mar y a una visita a la isla griega que se encuentra muy cerquita. Un sinfín de lugares muy seductores todavía por descubrir.

¿Dónde puedo cambiar dinero para mi viaje?

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Imágenes: Josune Murgoitio (Brave Readers).

Josune Murgoitio

Soy escritora, periodista e investigadora independiente. Trabajo en dos áreas: País Vasco (norte de España) y Turquía, mostrando la luz (viajes y turismo) y la sombra (derechos humanos desde la cultura de paz, la memoria y la mujer) de ambos lugares. Publiqué mi primera novela «Colores Prohibidos» en el año 2016 y, en la actualidad, preparo mis siguientes lanzamientos: mujer y viajes en Turquía y grafiti político y social en el País Vasco. Mi blog, www.bravereaders.com, es mi lugar de trabajo.

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