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Las 15 cosas que menos nos gustan de viajar

Las 15 cosas que menos nos gustan de viajar

No hay nada como viajar. Probablemente, esto es lo primero que pensaríamos o lo primero que creemos cuando hay alguien que nos dice que pasa gran parte de su vida viajando o que parte de su trabajo consiste en viajar. Pero como suele pasar, «no es oro todo lo que reluce» y como en todo, siempre hay algunas cosas malas o que gustan menos. Por eso, os dejamos una selección de las 15 cosas que menos nos gustan de viajar.

1. Las esperas en los aeropuertos.

Solo tienes que nombrar la palabra viaje o vuelo y tendrás a todos tus amigos envidiándote. Da igual que hagas especial hincapié en que el vuelo dura 15 horas y, a parte, tienes 3 escalas de 4 horas cada una. No importa, para el resto (que no para ti en este preciso instante), lo único importante es la palabra mágica: «viaje». A más de uno te gustaría ver en esas escalas interminables, sentado en el suelo del aeropuerto, sin saber cómo ponerte esperando el siguiente vuelo.

2. Los retrasos o cancelaciones, la peor parte de un viaje.

No hay nada peor que recibir un mensaje de una compañía aérea dos horas antes de que salga tu vuelo. Si te pasa, respira dos veces, pon tu mejor sonrisa, cruza los dedos, reza si eres creyente y, sobre todo, empieza a pensar en un plan B. Las posibilidades de que tu vuelo se haya cancelado son inversamente proporcionales a las ganas que tienes de volver a casa.

3. La pérdida de equipaje.

No hay nada más lamentable que ver a un viajero frente a las cintas de recogida de equipaje mirando al vacío. Si ves esto, apiádate de él, probablemente acaba de perder su más valiosa posesión: la mochila con la que debe (o debería, si no se la hubiesen perdido) pasar los próximos meses de viaje. Y la mejor parte es cuando haces la reclamación y como premio de consolación te ofrecen un vale de 40 dólares por las molestias. ¿Perdón?

4. Los precios desorbitados de los aeropuertos.

En muchas ocasiones, por querer ahorrarnos unos eurillos, pasamos por vuelos interminables con escalas eternas en las que, queramos o no, al final tenemos que pasar por algún local de restauración si no queremos morir de inanición antes de llegar al destino. ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo es posible que una botella de refresco cueste 5 euros en un aeropuerto?

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5. Hacer el equipaje.

Aunque con el tiempo hemos conseguido reducir considerablemente el tiempo, para viajes largos, siempre tenemos que pensar durante varios días qué tiempo hace en el destino para no meter la pata y dejarnos el polar, si resulta que estaremos a 5 grados los próximos días. Al final, siempre acabamos haciendo y deshaciendo la mochila (en la que nunca falta la moneda del país al que vayamos a viajar) varias veces, hasta que acabamos agotados.

6. El insomnio de la noche anterior.

Lo sabemos, no debería pasarnos, pero jamás acabaremos acostumbrándonos. La noche anterior al viaje, más que por nervios, por miedo, acabamos prácticamente sin dormir, poniendo 4 alarmas en el móvil por temor a dormirnos y saliendo al final dos horas antes de casa, por estar desquiciados sin saber qué hacer y pasar a desquiciarnos en el aeropuerto esperando la hora del embarque.

7. Olvidarte de los caprichos gastronómicos.

Porque no siempre es fácil encontrar chocolate, gominolas o pastelitos en cualquier destino. Al final, pasar sueño o enfrentarte al mal tiempo puedes superarlo, pero estar un mes sin comer chocolate no debería ser legal, ¿verdad?

8. «Al mal tiempo, buena cara».

Llevas años queriendo visitar Machu Picchu, es tu gran sueño y por fin vas a vivirlo. Te has levantado a las 4 de la mañana para poder hacer cola y coger el primer autobús que sube a la ciudadela inca. Pero llueve. No te lo puedes creer, pero está lloviendo en este momento. Justo el día que vas a Machu Picchu. Y continúa lloviendo hasta las dos del mediodía, momento en el que el sol aparece tímidamente tras la niebla, regalándote una de las imágenes más bellas del mundo. Y es que al final el refranero español es muy sabio: «al mal tiempo, buena cara».

Imagen del Machu Picchu, en Perú

9. Las calores sofocantes del verano (aunque sí, somos afortunados por poder viajar en pleno agosto).

No hay nada peor que pasar calor en un viaje. Olvídate de ciertos destinos en pleno agosto porque al final, pueden resultar más un suplicio que una alegría. Aunque si eres de los muchos afortunados que únicamente pueden viajar en el mes de agosto, el más caluroso en muchos destinos y, por supuesto, una de las épocas más caras, mejor tómatelo con calma y disfruta, haga el tiempo que haga y te cueste lo que te cueste.

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10. No todos los destinos son como los pintaba el catálogo de la agencia.

Has estado soñando con esa playa desde que viste la foto en aquel catálogo. Ha llegado el momento de coger ese autobús que, durante 10 horas, te llevará a ese pueblo donde enlazarás con otro autobús que te llevará hasta donde tienes que coger un tuk tuk que te dejará en esa cabañita frente al mar que imaginaste durante tanto tiempo. Pero llegas y resulta que esa playa paradisíaca está llena de turistas que, por lo visto, habían visto el mismo catálogo que tú. Moraleja: no siempre puedes hacer caso de todas las fotos que veas.

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11. No todas las camas (ni las almohadas) son como la tuya.

Las hay duras como una roca, blandas como una nube, planas como una tabla e incluso algunas rugosas como una naranja, pero sean como sean, seguro que no serán como la tuya. Eso por no hablar de la almohada, y más si das con una de aquellas dobles que es imposible achuchar contra ti para dormirte.

12. No siempre la gastronomía es deliciosa…

Por muy buena pinta que tenga, por mucho que tengas un estómago a prueba de bombas o por mucho que seas un gran viajero, con la comida siempre hay que estar alerta, sobre todo cuando se trata de comer en el chiringuito de la esquina y ya desde fuera te das cuenta de que la higiene no es su fuerte.

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13 …y a veces nos sienta mal

Ya sabíamos nosotros que ese chiringuito de la esquina iba a ser tu perdición. Da igual que las samosas tuviesen buena pinta. Ahora cuéntaselo al médico y acuérdate de ellas durante las próximas horas que pases sentado en el baño. Por cierto, seguro que el botiquín lo dejaste en casa pensando que después de tantos viajes no te haría falta. ¿Nos equivocamos?

Comida en China

14. La peor palabra de un viaje: jet lag

No hay nada peor que esa combinación de letras, sea antes o después de llegar a casa. Por mucho que la gente nos diga que ya deberíamos estar acostumbrados, nuestro cuerpo no acaba de adaptarse a continuos cambios horarios, por mucho que lo intentemos y por muchos consejos que sigamos.

15. Al final, siempre tienes que acabar volviendo a casa

Pero como nos dijeron una vez (Cristina, te debemos la frase): «Si no tuviésemos que volver, jamás podríamos volver a irnos».

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Roger Carles

Soy la persona que está detrás del blog de viajes "Viajeros Callejeros" (www.viajeroscallejeros.com) llevando toda la parte técnica y de diseño. Uno de mis grandes hobbies es viajar, algo que plasmo en el blog intentando ayudar a todas las personas que quieran organizar sus viajes por libre y tener información práctica sobre el destino que han elegido.

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