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48 horas en Dublín

48 horas en Dublín

Cuando, en septiembre del 2002, decidí mudarme a Dublín (Irlanda), nunca imaginé que ocuparía un lugar eterno en mi corazón. Pensaba estar allí unos 6 meses, pero no me marché hasta finales del 2010, cuando hice por última vez la maleta y me embarqué en un largo viaje tras el que acabaría regresando a España.

Dublín es una ciudad joven, vibrante, cosmopolita, plana, manejable, culturamente rica y amable. Y sí, también llueve y hace algo de frío, pero cuando ya disfrutas de todas sus bondades, eso deja de importarte.

No es una de esas capitales europeas con multitud de monumentos para visitar y una historia llena de momentos memorables. Dublín es una ciudad de presente en la que el secreto para disfrutarla consiste en absorber la vida y energía positiva que hay en ella.

Si tan solo disponéis de un fin de semana para ver Dublín, aquí os dejo una pequeña guía para que exprimáis vuestra experiencia al máximo.

Día 1: Dublín centro.

El primer día de vuestro viaje a Dublín, podéis emplearlo en conocer el centro de la ciudad. Una de las ventajas de su pequeño tamaño es que se puede recorrer a pie, sin ningún problema.

Zonas norte y sur.

El río Liffey divide Dublín en dos zonas: norte y sur. Los números de los distritos comienzan aquí, siendo números impares los que quedan en el norte y pares los del sur.

Imagen del Ha'Penny Bridge, en Dublín.

Históricamente, los mejores barrios se encuentran en el sur, siendo el norte una zona más obrera.

Sobre el Liffey se han tendido un gran número de puentes. El más emblemático es el Ha’Penny Bridge, levantado en hierro en el siglo XIX y que conecta el muelle norte con la zona de bares más famosa de la ciudad: Temple Bar. El más transitado es el O’Connell Bridge y uno de los más polémicos es, cómo no, de nuestro internacional Santiago Calatrava.

Imagen del Temple bar, en Dublín.

Visitando el sur.

Dublín 2 es un hervidero continuo de gente. Temple Bar bulle de vida a todas horas. Sus míticos bares ofrecen música en directo cada noche y tanto turistas como locales no faltan a la cita.

Durante el día, los pubs también están abiertos y las tiendecitas, restaurantes y mercadillos al aire libre (en fin de semana) completan una oferta que atrae a todo tipo de viajeros.

Imagen del río Liffey, en Dublín

Cerca de Temple Bar, encontrarás el legendario Trinity College, la institución educativa con mayor solera en Irlanda. Inaugurado por la reina Isabel I en el siglo XVI, merece la pena una visita por su interior, donde edificios antiguos se mezclan con otros más modernos. No dejes de entrar a su antigua biblioteca, donde podrás admirar el famoso Libro de Kells, un manuscrito ricamente ornamentado y creado en el siglo VIII por los monjes celtas.

Saliendo del Trinity College y cruzando una calle, llegas a Grafton Street, la calle comercial (algo pija) por excelencia. Las mejores tiendas de ropa, música, joyas, relojes y demás, se encuentran aglutinadas en menos de 200 metros.

Aunque no vayas a comprar nada, merece la pena pasear por aquí y entretenerte con la multitud de artistas callejeros que intentan ganarse la vida. Músicos, magos, malabaristas, cómicos… El circo en la calle.

Grafton desemboca en el parque más icónico de Dublín: St Stephen’s Green, situado justo frente a las grandes galerías comerciales del mismo nombre.

En un cálido día de sol, encontrarás a grupos de amigos, parejas de tortolitos y demás, disfrutando de un pícnic sobre la hierba de St Stephen’s o caminando junto a sus estanques y zonas florales.

Otro parque reseñable, a 5 minutos caminando desde St Stephen’s, es Merrion Square. Rodeado de la mejor muestra de antiguas casas georgianas de Dublín, sufre menos aglomeración y es mejor para disfrutar de la naturaleza. Justo al lado de Merrion Square se encuentra la Galería Nacional de Irlanda. Es de entrada gratuita y aquí podrás admirar cuadros de los mejores artistas irlandeses y extranjeros. Otra opción es el Museo de las Ciencias Naturales, situado frente a uno de los lados de Merrion Park.

Imagen del Merrion Park, en Dublín.

Los amantes de los monumentos eclesiásticos, podrán visitar las catedrales de San Patricio y Christchurch.

Por último, entra al pub Cafe En Seine, en Dawson Street. Nunca habrás visto un pub así en tu vida. Parece un auténtico palacio francés.

Visitando el norte.

Si no has realizado ninguna compra en Grafton o St Stephen’s Gallery y no quieres irte con las manos vacías de Dublín, simpre te quedarán los negocios de O’Connell St y Henry St.

En O’Connell, se encuentra el famoso edificio de la General Post Office. Aquí se atrincheraron las tropas republicanas en el famoso levantamiento antibritánico de 1916. El acto heroico acabó en un baño de sangre para los bravos irlandeses.

Los que gusten de bebidas espirituosas, podrán visitar en esta zona las fábricas del whisy Jameson y la cerveza Guinness, dos de los iconos irlandeses.

El parque más grande de la ciudad, donde podrás incluso ver ciervos en libertad, es el de Phoenix Park, a unos 15 o 20 minutos en autobús de O’Connell Street. Perfecto, también, para echarte un partidito al fútbol con desconocidos.

Día 2: las afueras de Dublín y otros.

Tras un primer día en el que no habrás parado escogiendo entre algunas de las cosas que te he propuesto visitar, el segundo día puedes optar por ver los lugares que te hayan faltado y algunos otros, como la famosa cárcel de Kilmainham y el castillo de Dublín.

Sin embargo, si solo has ido un fin de semana a la capital de Irlanda, te recomiendo que dediques, al menos, medio día a uno de estos 3 lugares que se encuentran alejados del centro:

  • Howth: en el extremo norte del recorrido del DART (sustitutivo del metro, que viaja por la superficie) se encuentra Howth. Esta población es famosa por su puerto pesquero (en el que puedes ver focas acudir al olor del pescado), los puestos de fish & chips, y la bonita ruta al faro.
  • Bray: mi lugar preferido en Dublín. Situado en el extremo sur, tiene un paseo marítimo muy concurrido durante fines de semanas y festivos. Realiza la caminata hasta la cima de la colina que domina el pueblo. Desde la cruz que la corona parte un precioso sendero que lleva, en unas 3 horas de ruta a la vera de los acantilados, a Greystones. Desde allí, puedes tomar el DART de vuelta al centro de Dublín.

Imagen de Bray, en Dublin.

  • Glendalough: para llegar al bonito paraje natural de Glendalough lo mejor es hacerlo en coche alquilado o contratando una de las excursiones que suelen partir de Dawson Street. Es un bonito conjunto natural e histórico. Al llegar, verás una iglesia, una torre y un cementerio del siglo VI. Desde allí parten distintos senderos que te llevarán a descubrir preciosos lagos, bosques, valles y montañas.

Es imposible conocer Dublín a fondo en un par de días, pero seguro que quedarás con ganas de regresar. Eso sí, recuerda que la moneda en curso en Irlanda es el euro así que si la tuya no lo es, cámbiala con Global Exchange.

David Escribano

Aunque estudié ADE y Económicas, siempre me gustó escribir historias inventadas. Hace una década que viajo para no tener que imaginarlas. Editor desde el 2007 en Viajablog y miembro de Travel Inspirers.

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